Así derrotaron 30 alcaldes al «Gobierno soberbio»:«No ha sido una rebelión, esto es la resistencia»

Así derrotaron 30 alcaldes al «Gobierno soberbio»:«No ha sido una rebelión, esto es la resistencia»
octubre 12 03:18 2020

Esta es la historia de David frente a Goliat. De cómo una treintena de alcaldes de trece partidos distintos se organizaron por su cuenta para defender a sus ciudades en un frente común ante el Gobierno. El gigante, el Ministerio de Hacienda, derrotado por los municipios de casi todo el arco político, todos menos el PSOE. Una auténtica revolución en la política de bloques y trincheras que domina nuestro país.

Son las 21 horas del miércoles y cuatro regidores del PP, Ciudadanos, ERC y PDECat cenan en el restaurante «La Bodega de los Secretos», a 700 metros del Congreso. Son Jorge Azcón (Zaragoza), Luis Salvador (Granada), Miquel Pueyo (Lleida) y Carles Pellicer (Reus). Una mesa multipartita así es impensable, pero estos comensales intercambian amistosamente impresiones políticas y personales. Se respira «muy buen rollo». En el último mes han hablado entre sí más que con sus parejas. Tomarían una copa si no fuera porque en Madrid hay toque de queda a la una. ¿El motivo? Están a punto de derrotar al Gobierno en su intento de convalidar el polémico decreto ley que echaba mano de los ahorros municipales. La victoria es crucial pero la gran batalla por la financiación continúa.

El alcalde de Zaragoza y portavoz del PP en la Federación de Municipios y Provincias (Femp), Azcón, lidera desde abril las reclamaciones del municipalismo, que sufre en primera línea los estragos del coronavirus. Los ayuntamientos soportan un agujero terrible de ingresos y necesitan financiación urgente para gestionar, entre otras, las «colas del hambre».

Sánchez hablará cada domingo con los presidentes autonómicos, pero no llama ni al alcalde de Madrid, la capital más golpeada por el bicho. La soledad de los ediles es total. Aunque entre ellos estrechan lazos. José Luis Martínez Almeida recibe varias llamadas de su homóloga de Barcelona, Ada Colau, para contrastar la gestión de la crisis en las dos grandes capitales. Existe sintonía. «Almeida tiene mucho respeto político por Colau», apuntan en Cibeles. «La relación es muy buena», confirman desde la Ciudad Condal.

2 abril. La Femp, bajo la presidencia del alcalde socialista de Vigo, Abel Caballero, aprueba una declaración unánime reclamando flexibilidad al Gobierno para poder utilizar el superávit municipal, y sus 15.000 millones de remanentes. Los ahorros pertenecen a los vecinos, remarcan. Y necesitan gastarlos ya para paliar los efectos sociales y económicos de la crisis. Los alcaldes del PP intuyen un ánimo «confiscatorio» en Hacienda. Y se preparan para la batalla.

14 de abril. Azcón convoca el llamado «C-7» con las siete mayores ciudades, incluida Sevilla (PSOE). Reclaman un cambio en el marco financiero que permita usar su dinero y suspenda la regla de gasto, el candado que impuso Montero en la Ley de Estabilidad durante la anterior crisis. Los alcaldes exigen un fondo extra para el transporte y servicios sociales. Hasta Bilbao (PNV), que es de otro régimen (foral), se suma a la causa.

20 abril. Se produce la primera y última videollamada de Pedro Sánchez con la junta de Gobierno de la Femp. Sin derecho a réplica, el presidente no se compromete a nada. La decepción es patente. La sensación es que Moncloa solo quiere la foto.

5 de mayo. El presidente de la Femp convoca un “C-15” con más ciudades socialistas, tras desactivar otras, para evitar que el PP lidere la voz municipal. El municipalismo sigue unido en sus reivindicaciones de mejor financiación al Gobierno.

22 de mayo. La Junta de Gobierno de la Femp, por unanimidad, plasma en un documento su demanda de un fondo incondicionado de 5.000 millones para las ciudades, similar al de los 16.000 millones que Sánchez anuncia a las autonomías. Pero a partir de ahí comienza la ruptura. El PSOE se descuelga, muy a pesar de sus alcaldes.

29 de junio. Las protestas internas de Abel Caballero y del portavoz federal Óscar Puente, regidor de Valladolid, son sofocadas por Sánchez en una tensa reunión de la ejecutiva socialista. El presidente ordena lealtad.

Los alcaldes de todos los grupos, menos el PSOE, denuncian la ceguera y sordera de Hacienda, que entablará negociaciones sólo con el regidor vigués. Se refuerzan alianzas inéditas entre los otros tres portavoces de la Femp: “Me preocupa, cada vez estoy más de acuerdo con mi colega de Ciudadanos”, repite en las reuniones de la junta la alcaldesa independentista de Canyellas sobre el alcalde de Granada, Luis Salvador.

3 de agosto: Al final, Caballero fuerza la votación de su pacto con Hacienda, que lleva semanas provocando el desencuentro en el seno de la Femp. El vigués acepta condicionar el acceso al fondo de 5.000 millones a la entrega previa de los remanentes municipales al Gobierno, que los devolverá en una década. Quedan fuera del reparto las ciudades sin ahorros: Valencia, Cádiz, Lérida, Granada, Murcia, Zaragoza… La votación será dramática. Empate a 12. El representante de Podemos, Pedro del Cura (IU), de Rivas, se abstiene. Pero Caballero impone su voto de calidad y sale con el “sí” de los socialistas frente a todos los demás. Se rompe el consenso histórico en la Femp. Pero la lucha sigue.

4 de agosto: Firma del acuerdo FEMP-Moncloa. Sánchez y Caballero sellan su pacto muy sonrientes. A su lado posan Óscar Puente, alcalde de Valladolid y Del Cura. Las mascarillas tapan su cara. Prietas las filas. Horas después, Del Cura protestaría amargamente en Twitter cuando se desayuna en el BOE nuevas condiciones. «Quiero pensar que es una errata y el Ministerio de Hacienda no ha cambiado el acuerdo después de firmarlo. El plazo de devolución (de las remanentes) son 10 años y no 15. Mal empezamos». Empieza la insurreción interna entre las familias del Gobierno.

Esa mismo día el edil de Zaragoza telefonea a Caballero. «No puedo permitir esto. Abel, a mí me toca cero», clama. «No te preocupes, que algo conseguimos», le replica el vigués, consciente del bofetón que le viene a Sánchez si no lo negocian. Acto seguido, Azcón pide a su equipo el listado de ayuntamientos sin remanentes. Y llama. «Hola Kichi. Se van a repartir 5.000 millones y a ti y a mí no nos toca nada». El alcalde gaditano de Podemos se suma a la guerra contra la «injusticia» del Gobierno. «Cuenta conmigo», responde el mando de Lérida, de ERC.

7 agosto. Reunión de los 10 alcaldes «díscolos». Madrid, Barcelona y Bilbao -que sí tienen ahorros- entran en la batalla. En el grupo de WhatsApp van apareciendo jefes de gabinetes de todos los colores. «La solidaridad ante la injusticia es total, aquí da igual la ideología», subrayan. Envían una carta abierta a la ministra. Nada.

Los comunes anuncian que no cederá los remanentes de sus ayuntamientos. Colau avisa que gastarán sus ahorros en taponar la crisis, con o sin permiso de Hacienda. “Hechos consumados”. Casi todos los grupos del Parlamento hablan de «soberbia».

13 de agosto. El alcalde de Zaragoza, erigido en líder de la resistencia, llama a la ministra para reconducir la situación. «No, yo contigo no negocio nada. Yo solo negocio con la FEMP», responde María Jesús Montero, inflexible. «Pero mira, que yo me ahorro 5.400 millones…», le dice, cortante. Aunque ya se ve que ésta no es la clásica guerra PP-PSOE. El Congreso ningún grupo más apoya al Gobierno y Podemos dudará hasta el final.

1 de septiembre. La revolución municipal va a más. En pleno agosto, mientras el presidente se toma dos semanas de vacaciones, los alcaldes han seguido organizándose. Son decenas de llamadas de teléfono, cientos de whatsapps. Azcón sigue ejerciendo de nexo de unión. Ya suman 32 alcaldes, de 13 partidos distintos. «Este es un pacto del PSOE con el PSOE», insisten los comunes. Iglesias y Echenique condenan en privado la falta de cintura de Hacienda.

10 de septiembre. Derrota histórica del Gobierno en el Congreso. Muy a pesar de alcaldes como Kichi o Colau -que logra algunas concesiones de Hacienda a última hora-, Podemos cierra filas en las votación del jueves. Para la mayoría, la negociación ha sido vergonzante. Y la contraoferta del Ejecutivo, insuficiente. Lo resume el regidor de Valencia, Joan Ribó: «Los alcaldes de todos los colores, de izquierda y de derecha nos unimos. Resulta increíble ver a todo un Gobierno de un país intentar negociar el decreto con un mercadeo de rebajas de última hora».

El Ejecutivo pierde la votación: 193 votos en contra por 156 a favor. La ministra, derrotada, lanza un ultimátum. «El Gobierno no necesita en ningún caso el dinero de los ayuntamientos», asevera displicente. «No piensen que habrá una segunda oportunidad», amenaza para estupor de los alcaldes.

Al salir del hemiciclo, Montero se cruzará con el alcalde de Granada: «¡Ahora lo arregláis! ¡A ver qué hacéis!», le abronca. El retrato que hacen los ediles es de una ministra llena de soberbia e incapacitada para negociar. »En esto ha actuado en estado puro. Es una mujer prepotente, ésa es la verdad», señala el regidor andaluz de Cs. La pregunta ahora es cómo será capaz de sacar los Presupuestos si ha caído en la primera línea municipal firmando este esperpento. Y si el veterano Caballero, 74 años, logrará reponerse al mando de la Femp tras perder su brillo. «Esto no ha sido una rebelión, ¡es la resistencia!», asegura el alcalde de Zaragoza, que emplaza al Ministerio a salir del punto muerto.

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