China dibuja la V a base de industria, inversión estatal y exportaciones, pero el consumo no despega

China dibuja la V a base de industria, inversión estatal y exportaciones, pero el consumo no despega
agosto 28 12:26 2020

La ansiada V, que simboliza la recuperación económica tras el hundimiento que ha traído el coronavirus, ya se está dibujando en China. Pero algo coja. Tras su drástico trazo descendente por el impacto de la pandemia, que provocó durante el primer trimestre una caída histórica del Producto Interior Bruto del 6,8%, el ascendente no acaba de despuntar. En el segundo trimestre, una vez controlada la epidemia pese a sus rebrotes, el PIB creció un 3,2% mientras el resto de grandes economías mundiales sufrían su mayor desplome en tiempos de paz. Aunque dicha cifra se contempla con envidia en estos tiempos convulsos, un análisis de los datos chinos demuestra que su crecimiento es más frágil de lo que parece.

La recuperación china se está basando en la producción industrial, que subió un 4,8% interanual en junio y julio, la inversión estatal y las exportaciones, que se elevaron un 7,2% durante el último mes impulsadas por las ventas de material de protección sanitaria contra la pandemia. Pero el consumo privado sigue sin despegar porque las ventas al por menor, indicador clave de la confianza de la sociedad, se redujeron en julio un 1,1% con respecto al mismo mes del año pasado.

Aunque es una contracción menor que el -1,8% de junio y el -2,8% de mayo, y por supuesto que el -15,8% del pico de la epidemia en el primer trimestre, sigue sin registrar valores positivos por la tremenda incertidumbre sobre el futuro. En China, a la pandemia se han sumado las peores inundaciones de las últimas décadas por las lluvias torrenciales de este verano en el centro y sur del país y las tensiones políticas con Estados Unidos, que ya pueden definirse como una «Nueva Guerra Fría».

«Como el Gobierno chino implementó confinamientos muy estrictos que permitieron retomar la producción industrial en el segundo trimestre, las cifras son positivas. Pero eso no significa que el crecimiento económico sea del 3% porque los datos de consumo son muy pesimistas. Hay que mirar esa cifra para comprobar la verdadera recuperación. Incluso si es positiva, será solo del 1%», analiza para ABC el profesor Xu Bin, de la Escuela Internacional de Negocios Chino-Europea de Shanghái (CEIBS).

Para el segundo semestre del año no se muestra optimista porque la pandemia sigue azotando al mundo y «si China cierra el ejercicio con un crecimiento de entre el 1 y el 2%, ya será un éxito».

Los chinos, ahorradores por naturaleza, se están apretando aún más el cinturón por los despidos y recortes salariales que ha causado el coronavirus. Las ventas totales al por menor, que en este país incluyen tanto al consumo privado como al público, disminuyeron un 11,4% en la primera mitad del año hasta los 17,2 billones de yuanes (2,1 billones de euros).

A tenor del Buró Nacional de Estadísticas, el consumo per cápita cayó un 5,9% hasta los 9.718 yuanes (1.186 euros) en esos primeros seis meses. «Los chinos de a pie no pueden consumir más porque están entrampados con hipotecas y el panorama sobre su trabajo e ingresos es incierto», valora el economista jefe de Northeast Securities, Fu Peng, en un análisis citado por el periódico «South China Morning Post».

Debido en gran medida al «boom» inmobiliario vivido en China en las últimas décadas, se calcula que el endeudamiento de los hogares chinos llega al 59,7% del PIB, que el año pasado ascendió a 99,08 billones de yuanes (13 billones de euros). Además, el coronavirus empeorará la peligrosa situación de los préstamos impagados, que amenazan al sistema porque ascienden a 3,4 billones de yuanes (414.000 millones de euros), según reconocía este mes la Comisión Reguladora de Banca y Seguros.

Salvo de material sanitario y de protección contra el coronavirus, las exportaciones también son otro pilar de la economía china que se está viendo muy afectado. En la región sureña de Cantón (Guangdong), corazón de la «fábrica global», están cerrando más factorías que tras la crisis de 2008. Para los «conspiparanoicos» que piensan que el régimen de Pekín ha provocado la pandemia con el fin de dañar a las potencias occidentales, hay que recordar que, según las cifras del Ministerio de Comercio, el sector de la exportación da trabajo a 180 millones de chinos, un tercio de los 530 millones de empleos no agrarios que hay en el país. Aunque el paro se sitúa oficialmente en una tasa del 5,7%, es bastante mayor porque no cuenta a los millones de campesinos que han tenido que volver a sus pueblos tras cerrar la fábricas donde trabajaban o perder sus empleos en las ciudades. En total, en China hay 300 millones de «emigrantes rurales», que son la capa más desfavorecida en este país de enormes desigualdades sociales.

Para el sector exterior de China, que supone un 12% de su PIB y acapara un 13% de las exportaciones globales, el impacto del coronavirus será enorme porque, según la OMC, el valor del comercio internacional se reducirá este año entre un 12 y un 32%. Baste este dato como ejemplo: de los 85 millones de microondas que se fabricaron el año pasado en este país, se exportaron 60 millones. Para no depender tanto de las ventas al extranjero en un ambiente cada vez más hóstil a China, el presidente Xi Jinping lanzó hace dos meses la política de «doble circulación», que persigue fomentar el mercado interno. Pero será difícil hasta que se supere la pandemia.

Otro pilar de crecimiento tradicional sigue siendo la inversión pública y las empresas estatales, que sirven para elevar el PIB aunque su productividad y rentabilidad sea más que dudosa en algunos casos. Hasta 2035, Pekín construirá 200.000 kilómetros de vías de tren. De ellos, 70.000 serán de alta velocidad, el doble de los actuales. «Aunque son inevitables, se están reduciendo los estímulos de inversiones estatales porque disparan la deuda y no son eficaces, ya que la demanda no tira», observa el profesor Xu, quien señala «nuevas áreas de inversión pública como los trenes de alta velocidad, el 5G, los coches eléctricos y la tecnología». A su juicio, la V de la recuperación china está siendo más bien una L porque «tarda en subir».

Puestos ambulantes de comida y ropa, tiendas de bolsos y libretas improvisadas en coches. Refrescos y cigarrillos vendidos en las ventanas que dan a la calle en los pisos bajos de la ciudad. La capacidad emprendedora de los chinos es inabarcable, y más en estos tiempos difíciles que ha traido el coronavirus. Desde que la epidemia obligó a cerrar tiendas y fábricas, a muchos no les ha quedado más remedio que buscarse la vida como vendedores callejeros.

De los 1.400 millones de chinos, 600 millones subsisten cada mes con solo mil yuanes (120 euros). La cifra es sorprendente para un país que ha vivido un auténtico «milagro económico» desde su apertura al capitalismo hace cuatro décadas y que, en términos brutos, es la segunda potencia del mundo tras Estados Unidos. Pero la dio el primer ministro chino, Li Keqiang, durante la clausura en mayo de la Asamblea Nacional Popular, reunión anual del Parlamento orgánico del régimen. Eclipsado por el coronavirus y la Ley de Seguridad Nacional impuesta a Hong Kong, el dato pasó desapercibido en la Prensa internacional, pero da buena cuenta de que el gigante asiático tiene los pies de barro.

Según confirmó después el periódico «South China Morning Post» citando un estudio del Buró Nacional de Estadísticas, el 40% de la población con los ingresos más bajos solo tiene unos ingresos per cápita disponibles de 11.485 yuanes (1.406 euros), lo que sale a 957 yuanes (117 euros) cada mes. A tenor de dicho Buró, en China hay también más de 400 millones de personas que conforman la clase media. Pero el umbral mínimo para pertenecer a ella se sitúa entre 2.000 y 5.000 yuanes (entre 245 y 610 euros), muy por debajo de lo que se considera clase media en los países avanzados.

Inmisericorde, el coronavirus también se ha cebado con las clases medias urbanas, que son las que más que están viendo dañado su modo de vida. Con un puesto intermedio desde hace más de dos décadas en una cadena hotelera internacional, Jackie Meng ha sufrido una drástica reducción de sueldo por la falta absoluta de turistas. Para no despedir a ningún empleado, su compañía solo le paga al mes 2.700 yuanes (330 euros), lo que resulta totalmente insuficiente para los gastos que tiene su familia de tres personas, como la hipoteca y la educación de su hijo. Los datos oficiales muestran que los ingresos per cápita disponibles en China ascienden a 15.666 yuanes (1.911 euros) anuales, lo que sale cada mes a 1.305 yuanes (159 euros).

Por su parte, el 20% por ciento de los chinos con mayores ingresos gana cada mes un sueldo medio de 6.367 yuanes (780 euros). A pesar de su clase media y su legión de millonarios, China es uno de los países con mayores desigualdades sociales.

El coeficiente Gini, un indicador internacional donde el 0 marca la máxima igualdad y el 1 las mayores diferencias económicas, creció entre 2015 y 2018 hasta situarse en 0,468, pero el año pasado bajó a 0,465. Como ya sugieren los puestos ambulantes que proliferan por toda China, volverá a subir inevitablemente a lo largo de este año por culpa del coronavirus.

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