El 90 % de afectados por el síndrome de las piernas inquietas, sin diagnóstico: te explicamos por qué

El 90 % de afectados por el síndrome de las piernas inquietas, sin diagnóstico: te explicamos por qué
noviembre 21 05:18 2020

El síndrome de las piernas inquietas, que provoca en los pacientes la necesidad urgente de mover las piernas, sintiendo molestias, dolor y malestar, afecta a unas dos millones de personas en España, pero la cifra podría ser mucho mayor. Hasta un 90% de las personas que padecen esta enfermedad crónica podrían estar sin diagnosticar, según ha advertido la Sociedad Española de Neurología (SEN) con motivo de la celebración, este miércoles, del Día Internacional de la patología.

Los síntomas acostumbran a empeorar al anochecer o durante la noche ya que desaparecen o mejoran con el movimiento (por tanto, durante el día) y suelen presentarse cuando el paciente se encuentra en situación de reposo, sentado o tumbado. Es por este motivo que alteran la estructura del sueño produciendo trastornos como interrupción del sueño, dificultad para dormir o somnolencia diurna y la mayoría de los pacientes que padecen esta enfermedad suelen consultar por primera vez al médico por estas razones, cosa que hace que la enfermedad pase desapercibida.

Sin embargo, según el coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la SEN, Pablo Mir, “es una patología que no debe percibirse únicamente como un trastorno del sueño: es una enfermedad crónica, que impacta gravemente en la calidad de vida de los pacientes y cuyos síntomas pueden afectar también a las manos y al tronco y en cualquier momento del día”, ha explicado el coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la SEN, Pablo Mir.

El síndrome de las piernas inquietas es una entidad frecuente en la edad adulta, pero también en la adolescencia y en la infancia, dado que un 25 por ciento de los pacientes comienzan a experimentar los síntomas de la enfermedad en la infancia o en la adolescencia. En Europa, se estima que entre un 5 y un 10% de la población adulta y entre un 2 y un 4% de los adolescentes padecen esta enfermedad.

Diez años esperando un diagnóstico correcto

Además del alto número de casos sin diagnosticar, hay un dato que pone en alerta a la Sociedad Española de Neurología: pueden transcurrir periodos de incluso diez años hasta que se realiza un diagnóstico correcto de esta enfermedad.

Estos retrasos aún pueden ser más frecuentes en edad pediátrica, por la dificultad de los niños y de los padres a identificar los síntomas, que en ocasiones son interpretados como un exceso de energía o inquietud. Además, cuando la enfermedad se inicia en edades tempranas, los síntomas no siempre aparecen por la noche, sino que pueden hacerlo en cualquier momento del día, especialmente cuando los niños están sentados.

El curso del síndrome es progresivo porque, aunque los pacientes alternan fases de mejoría con otras de exacerbación de los síntomas al inicio de la enfermedad, estos son cada vez más intensos con el paso del tiempo y pueden verse afectadas, además de las piernas, otras partes del cuerpo.

El éxito del tratamiento varía mucho de un paciente a otro

Como consecuencia del dolor intenso, el insomnio, la depresión y la ansiedad, es muy frecuente que el síndrome de las piernas inquietas incida en las relaciones sociales y laborales y en la calidad de vida de los pacientes. Aunque el tratamiento farmacológico actual sea únicamente sintomático y el éxito del mismo sea muy variable de un paciente a otro, un diagnóstico precoz ayuda a mejorar la calidad de vida y a disminuir la comorbilidad y la repercusión laboral asociada a esta enfermedad. A su vez, “llevar a cabo actividades motoras o terapias enfocadas a mejorar la salud mental también pueden hacer mejorar estos síntomas”, ha apostillado Mir.

Además, el coordinador de la SEN ha subrayado la importancia de tener en cuenta que algunos síntomas del síndrome de las piernas inquietas se pueden producir como consecuencia secundaria de otras patologías: déficit de hierro, embarazo, problemas renales, diabetes, enfermedades neurodegenerativas o enfermedades psiquiátricas. También son especialmente frecuentes en pacientes con insuficiencia renal (hasta un 50% de los casos), en mujeres embarazadas (un 19%), pero también en personas que padecen Parkinson, esclerosis múltiple, neuropatías, migraña o poliomelitis.

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