El BCE redobla su presión y la banca asume que las fusiones son necesarias

El BCE redobla su presión y la banca asume que las fusiones son necesarias
noviembre 05 12:18 2020

El anuncio público de las negociaciones entre Caixabank y Bankia es más una declaración formal que sustancial. Cuando la noticia llegó a la Prensa y a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) vía hecho relevante la operación estaba ya tan encarrilada que apenas harán falta unas semanas para que fructifique. Todo está dispuesto para un principio de acuerdo, y que el resto sientan el aliento de los reguladores para hacer lo propio. La presión, si cabe, viene ahora con más fuerza tanto desde dentro como desde fuera del sector financiero. Una pareja ya se ha echado a la pista de baile y la música está sonando a la espera de que otros decidan sumarse a la fiesta. El sector, según las fuentes consultadas, ya ha asumido que tendrá que haber más movimientos.

El Banco Central Europeo (BCE), el Banco de España y la Asociación Española de Banca (AEB) dan a entender por activa y por pasiva que el camino de «Caixabankia» –no se llamará así a futuro, a la espera de decidir nombre– es el correcto para enfrentarse a las amenazas, que no son pocas, que se ciernen sobre la banca. Sin embargo, no todas las instituciones presionan en público tanto como el BCE de Christine Lagarde y Luis de Guindos. Especialmente, por obra y gracia de este segundo en lo que se refiere a España.

De Guindos, segundo de abordo del BCE, parecía intuir –más bien saber– que algo estaba por anunciarse cuando esta semana dijo que Europa necesita fusiones urgentes y rápidas. Esas palabras en la banca se entendieron a la primera y hubo incluso quien se molestó en alguna entidad por que se inmiscuyera en exceso en los negocios privados, dicen fuentes financieras. Era la primera vez que De Guindos hablaba en términos tan rotundos y duros sobre lo que recomienda, entre comillas, a los bancos. Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España, no tardó en recoger el testigo de su «jefe» a nivel de la Eurozona, pero fue mucho más cauto en sus expresiones. Fusiones, sí, pero el supervisor tiene que verlo con un poco de distancia.

La guinda del pastel llegó cuando José María Roldán, presidente de la AEB, la patronal bancaria, ni siquiera criticó al BCE por instar a la concentración con esa alegría. Cabe recordar que Roldán hace escasos meses dijo en ABC que el supervisor no debía favorecer ni entorpecer las fusiones. Ahora el discurso de la patronal del sector ha evolucionado. Prueba de ello son las palabras de Roldán esta semana, alineadas con las de De Guindos: «Lo bueno, si breve, dos veces bueno».

La presión desde el martes no dejó de ir en aumento. Y el punto álgido llegó el viernes, amaneciendo con la fusión de Caixabank y Bankia sobre la mesa. Fuentes financieras explican que la presión ahora no está tanto sobre la banca mediana –que también– sino sobre dos entidades concretas de mayor tamaño: BBVA y Banco Sabadell. De hecho, este segundo se disparó en Bolsa al cierre de semana porque el mercado estaba descontando que necesariamente tendría que ser el siguiente en buscar una integración. No será ni urgente ni rápida en el caso de la entidad catalana, pero la puerta está muy abierta a valorar todo tipo de operaciones; Sabadell ha recibido bien la presión y prefiere esperar en el muy corto plazo.

En el supuesto de BBVA los expertos consultados dan a entender que todo puede depender de cómo le vaya en los mercados emergentes en los que está presente –México y Turquía principalmente– a nivel político y respecto a la evolución del negocio por el Covid-19. En el caso de Banco Santander, la tranquilidad de momento impera en su cúpula; no están en el tema de las fusiones. Y Bankinter las rechaza de plano. Los bancos de menor tamaño como Liberbank, Abanca, Unicaja, Kutxabank… todos están dispuestos a estudiar el mercado a medio plazo.

Los ratios de solvencia y liquidez son sólidos en la banca española; el BCE y la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) tienen claro que ahí no está el problema. Las dificultades van más por la rentabilidad. Los ROE de la banca española siguen en un dígito por la parte baja y los inversores llegan a demandar doble dígito. Unos inversores, además, que no ven ningún atractivo para entrar en los bancos ante la recomendación-prohibición de repartir dividendos. En este último veto, según fuentes financieras, sí que coinciden todos los bancos en que debería dejarse mayor margen a las empresas para decidir su política de remuneración al accionista. Los bancos se han dejado entre un 35% y un 70% de cotización en lo que va de año –descontando el tremendo rebote tras anunciarse la fusión de Caixabank y Bankia –, y sin dividendos ni perspectivas de crecimiento, apostar por el sector en Bolsa no es atractivo.

Aun así, más allá de la rentabilidad, las fusiones son una manera de defensa ante los efectos del Covid. Buena parte de la fusión anunciada entre el tercer y el cuarto banco español va por ahí, en busca de reforzar su posición. Y porque Bankia tiene su recorrido más bien agotado: no puede crecer más en España, no tiene una política de expansión internacional y el Gobierno quiere buscarle una salida a la entidad como sea. Aun así, hay voces que apuntan a que la unión se trata más de una «absorción» ante problemas que podría afrontar Bankia en el futuro por riesgos que tiene a nivel interno, tanto en el negocio, como en su cuenta de resultados, como en los procesos judiciales.

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