El día en que el Gobierno encontró la unidad, pero en su contra

El día en que el Gobierno encontró la unidad, pero en su contra
septiembre 16 09:18 2020

En la semana de la “unidad, unidad, unidad” que reclamó el presidente en el Senado el martes, al Gobierno se le han acumulado un reguero de indicios que apuntan justamente a todo lo contrario. Lo de que Iglesias revelara la “discusión fuerte” que tuvieron por ocultarle la salida de España del rey emérito y por no informarle, tampoco, de una fusión bancaria que va a hacer historia fue apenas un aperitivo. Cosas propias de su condición de “enemigos íntimos”.

Lo de luego ha sido más preocupante. Este jueves, sin ir más lejos, se han amontonado pruebas varias de que la cohesión, la sintonía y la unidad no son, precisamente, el rasgo que caracterice el momento político. Por más que se invoquen en público.
Está lo de lo de la congelación salarial de los funcionarios, que ha mostrado un Gobierno otra vez a varias voces. Calvo dice que hay cosas pendientes de “encajar”; Calviño “no lo descarta”; Montero se protege a la espera de lo que diga Darias. No es que se lleven la contraria, pero a todas se les ha notado el temor del Gobierno a dar por buena una medida con la que, aunque se haga a regañadientes, no es de las que ayudan a hacer amigos.

La congelación salarial de los funcionarios no es una medida de las que ayudan a hacer amigos

Está, además, la secuela de esa historia de tensión entre Iglesias y Escrivá que ya se vivió con el tema del Ingreso Mínimo Vital El nuevo roce, este jueves también, ha sido a cuenta de la pretensión del vicepresidente de que se remuneren las bajas de los padres con hijos en cuarentena preventiva. El ministro de Seguridad Social le ha recordado que la competencia es suya, y no de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, como sugirió Iglesias. Y la ha venido a decir que las bajas ya reconocidas suponen “un coste extraordinariamente elevado y un esfuerzo enorme” como para pretender, sin echar cálculos, extenderlas a los casos de niños no contagiados.

El remate, con todo, ha sido la derrota sin paliativos sufrida por el Gobierno en su intento de convalidar el llamado decreto de los remanentes municipales. Toda la oposición, y cuando se dice toda es toda, votó en contra. A la ministra de Hacienda le costó incluso que le dieran el sí los socios de Unidas Podemos. Lo consiguió in extremis, la noche anterior, y previa modificación de su idea inicial. ¿Unidad? No parece.

A Sánchez la unidad que pedía se le volvió en contra. Fue un mal resultado 156-193, en el peor minuto. En plena negociación de los presupuestos, el no a la convalidación deja nuevos rastros de tensión interna en la coalición; no es buena antesala para futuros intentos de acuerdo y deja tocada la imagen de quien tiene que pilotarlos, la ministra de Hacienda. “Todos tomamos nota”, dijo después Montero, como admitiendo que es un episodio de los que dejan huella.

La unidad no se consigue a base de invocarla y la realidad, a veces, da sustos.

Por ahora, y a bote pronto, el aviso al ejecutivo de que sus fuerzas son las que son, y que no tiene presupuestos. Que la unidad no se consigue a base de invocarla y que la realidad, a veces, da sustos. Lo mismo te obliga a tragarte el sapo de una medida que no quieres (la congelación del salario de los funcionarios), que te alumbra sin esperarlo una mayoría alternativa que te da el revolcón de la semana, incluso puede que algo más. La de ayer, por ejemplo.

Por cierto votó Bildu con Vox. Y Ciudadanos con ERC. Y el PP con todos. Y nadie se tachó de cómplice de nada. Pero esa es otra historia.

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