El espíritu de la Transición: Fraga y Carrillo en el Club Siglo XXI de Madrid en 1977

El espíritu de la Transición: Fraga y Carrillo en el Club Siglo XXI de Madrid en 1977
noviembre 18 15:18 2020

En octubre de 1977 el Club Siglo XXI invitó a Santiago Carrillo, líder del Partido Comunista de España (PCE), a pronunciar una conferencia, que se convirtió en histórica desde el momento en que se celebró. Para su presentación se eligió a Manuel Fraga Iribarne, líder de Alianza Popular (AP). El abrazo que se dieron los dos veteranos políticos representó mejor que ningún otro gesto el intento sincero de superar las heridas que la guerra civil dejó en nuestro país, la reconciliación de las dos Españas decididas a convertirse en una sola. Este gesto motivó que muchos socios del club Siglo XXI se dieran de baja, la airada protesta de muchos afiliados de AP y del PCE.

Como escribió Ignacio Camacho «Santiago Carrillo es una de las pocas personas a las que la Historia ha otorgado la oportunidad de retratarse ante ella más de una vez. Perseguido por la sombra infamante del crimen masivo de Paracuellos y de la sombría gestión posestalinista del PCE, la Transición pilotada por Adolfo Suárez le colocó en una tesitura esencial ante la que acertó a elegir el camino correcto. Su conferencia en el Club Siglo XXI, presentada por Fraga, simbolizó la reconciliación de las dos Españas en torno a un proyecto de futuro basado en la generosidad del olvido».

La crónica del evento fue publicada por ABC el 28 de octubre de 1977 firmada por Pedro J. Ramírez, y su lectura nos produce una triste melancolía al recordar a aquellos políticos que hicieron posible la transición mediante la reconciliación y el consenso. Desde luego sus batallas dialécticas eran muy superiores a las que protagonizan los políticos actuales. «No necesito poner a Dios por testigo de que la distancia política e ideológica entre el Partido Comunista y Alianza Popular es muy grande, ni necesito recordar, por obvia, en qué consiste», empezó Fraga, quien establecería luego un punto de conexión con Carrillo en el origen humilde de los padres de ambos: «Un pobre campesino gallego» que llegó a alcalde de Villalba, el del uno; «un obrero asturiano» que fue viceministro de la II República, el del otro. Se refirió después a la agresividad de los últimos tiempos —«Carrillo y yo nos hemos dicho de todo en la campaña”— y terminó calificando al conferenciante como a «un español con las virtudes y los defectos de la raza bastante bien plantados». «Estamos ante un comunista de pura cepa, y si él me lo permite, de mucho cuidado; por eso interesa oírle».

Carrillo contestó a Fraga y pronunció su histórico discurso: «En efecto, están ustedes ante un comunista de pura cepa (…) Reconozco lo que tiene de elogio en boca de mi ilustre presentador el añadido de que soy de “mucho cuidado”; pero, con su permiso, creo sinceramente que exagera (…) Somos conscientes de que el 15 de junio el país no votó por la transformación socialista de la sociedad, sino simplemente por el cambio democrático y respetamos fielmente el fallo popular (…) La pequeña y mediana empresa por sus estructuras y sus características puede ser más productiva y rendir más servicio al interés público como empresa privada que como empresa socializada (…) No tengo la pretensión de lograr el asentimiento de los miembros del Club Siglo XXI a nuestras ideas —dijo para terminar—. Pero me basta, señores, la prueba de civismo que han dado ustedes esta noche escuchando con respeto a un hombre que está quizá en las antípodas ideológicas de la mayoría de los presentes. Me basta la actitud del señor Fraga, afrontando, seguramente, críticas por presentarme aquí esta noche.»

La transición en su conjunto constituye sin lugar a dudas uno de los hechos más acertados de la historia de España. Conviene volver a ella tan a menudo como sea necesario para evitar que se tergiverse, que se ponga bajo sospecha, que se ningunee su verdadero alcance. Porque la Transición, que culminó con la Constitución de 1978, fue protagonizada por políticos, juristas e intelectuales de enorme talla, que supieron aunar voluntades para crear un marco institucional gracias al que se pudieron producir las otras «transiciones» sociológica, cultural, sindical, empresarial. Se consiguió una especie de cuadratura del círculo jurídico que permitió la vía reformista hacia la democracia, en contra de las opiniones mayoritarias, que apostaban por el continuismo, aperturista o no, o por la ruptura democrática.

La fotografía es de José García (1952). Quinto de nueve hermanos, quedó huérfano a los diez años, y tras estudiar el Bachillerato con los Padres Escolapios, ingresó en el laboratorio fotográfico de ABC. Al principio simultaneó sus trabajos técnicos con los informativos. En 1976 entró a formar parte de la plantilla de la Sección de Huecograbado de nuestro diario. La fotografía que ilustra hoy nuestra sección consiguió el premio Mingote que otorga ABC a la mejor fotografía –o viñeta de humor gráfico alternativamente- en la edición de 1978. Cuando se le preguntó cuál era la cualidad que más estimaba en un fotógrafo, declaró: «La oportunidad. Una cualidad que está en relación directa con la información. Me gusta hacer la foto que no puedan conseguir los demás, tenerla en el pensamiento antes de apretar el obturador. Y luego sentir la satisfacción de que el director la vea, le guste y la lleve a la portada»

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