El lío de los vecinos de Villaverde: “Esto es como el gueto de Varsovia, que nos pongan una estrellita para saber si estamos confinados o no”

El lío de los vecinos de Villaverde: “Esto es como el gueto de Varsovia, que nos pongan una estrellita para saber si estamos confinados o no”
noviembre 18 06:48 2020

Estamos justo en una de las fronteras invisibles. Calle Jesús Pingarrón, distrito de Villaverde (Madrid). A un lado, los vecinos tienen restringidas sus entradas y salidas de su zona sanitaria. En la otra acera, pueden moverse libremente. Miguelina, dominicana, baja la calle a paso ligero. Cascos en los oídos y mochila a la espalda, está un poco desorientada. “No tengo ni idea si estoy confinada o no. Nos han dicho que de Villaverde no se puede salir, ¿no es así?”, reconoce agobiada. No sabe que depende de la zona de salud en la que vivas.

Muy cerca, María del Pilar, vecina de la zona de salud de San Andrés, asegura que antes de salir de casa lo ha mirado en un mapa, pero que “no queda nada claro”. “Esto es un follón, sobre todo para las personas mayores. Como les dices a los abueletes: ‘Por esta calle puedes cruzar y por esta no’. Ahora tengo que ir a por el pan, pero la panadería me pilla en la zona confinada, ¿podré ir o mejor me quedo?”, se pregunta junto a la verja del instituto de secundaria Celestino Mutis, donde una docena de alumnos -unos con mascarilla otros sin ella- hacen gimnasia en el patio.

El desconcierto y la rabia recorren las calles de Villaverde a la misma hora que, solo siete kilómetros al norte, se celebra el mediático encuentro en la Puerta del Sol de Madrid entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Hace tres días, la presidenta madrileña anunció la restricción de salidas y entradas en las zonas con mayor incidencia de la covid-19 en la región (más de 1.000 casos por cada 100.000 habitantes). En todas ellas, además se han reducido los aforos y los horarios de la hostelería que tendrán que cerrar a las 10 de la noche. El follón está en que el Gobierno regional ha decidido delimitarlo por zonas básicas de salud, áreas atendidas por un centro de atención primaria. Puede haber una o varias por distrito.

Entramos en la zona básica de salud de San Andrés en Villaverde, la segunda con mayor incidencia de la capital y, posiblemente, de España. Zona cero de la covid-19. Recorriendo el límite de la zona, por la acera confinada, nos cruzamos con Alberto. En chándal y barba de tres días, cuenta que se ha tomado el día libre para “ver cómo están las cosas”. “Si la Policía me para ¿qué les enseño: el DNI o la tarjeta sanitaria?”, se pregunta. “Esto es como el gueto de Varsovia, que nos pongan a todos una estrellita amarilla y a tomar por cu…”, señala indignado.

Lo curioso es que los de San Andrés podemos ir al centro a servir cañas, pero no podemos tomarlas aquí. Tenemos que estar confinados en casa”

En el antiguo barrio de San Andrés está el núcleo histórico de Villaverde. Un pueblo de 10.000 habitantes en 1954 que dejó de ser pueblo, fue incorporado al ayuntamiento de Madrid y creció hasta los 150.000 vecinos actuales. Vinieron a trabajar a grandes industrias como Boetticher y Navarro, la fábrica de automóviles Barreiros o la fundición Aristraín.

Hoy poco queda de aquello. Los trabajadores de Villaverde, un 20% inmigrantes, salen a trabajar masivamente y en transporte público fuera del distrito. “Lo curioso es que los de San Andrés podemos ir al centro a servir cañas, pero no podemos tomarlas aquí a partir de cierta hora”, se indigna Antonio, dueño de una jamonería del Mercado de Villaverde Alto, ubicado dentro de la zona con restricciones.

“La gente está hecha un lío, no sabe si puede venir o no, el tema de las calles lo han estructurado muy mal. Muchos se creen que esto es igual que un confinamiento y no están viniendo a comprar”, se queja. “No nos están dando el trato que nos merecemos. A las siete de la mañana, el transporte público está atestado, la gente sale de Villaverde para trabajar, los centros de salud no dan abasto, cierran bares y cafeterías y, mientras, las casas de apuestas siguen abiertas”, denuncia Antonio.

A unos metros, en otro puesto de alimentación, otro vecino con chandal de la selección española se queja como todos de que no sabe si está confinado o no mientras mete en un carrito el bonito, la mantequilla y el bacalao que acaba de comprar. Juan Luis, el tendero, reconoce que este lunes el mercado está más vacío que de costumbre. “Estamos desconcertados. Aquí viene gente de toda Villaverde pero como estamos en zona confinada y no todos los de Villaverde están confinados, a lo mejor por eso han dejado de venir”, señala. José, el carnicero, se suma a la conversación: “Hoy me ha llamado un cliente, un señor muy mayor, muy preocupado, que si podía venir a comprar, que dónde va a comprar ahora él la comida… Nadie sabe nada”.

En el mercado de Villaverde Alto se respira el orgullo de barrio. “¿Vas a hablar bien de nosotros, no? Porque es que pintan esto como si fuera el Bronx”, dice José, el carnicero. En uno de los puestos, hoy cerrado, un cartel imita la etiqueta del wisky Jack Daniels con esta leyenda: “Villaverde, desde 1954. Somos de barrio, somos resilientes, gente forjada y endurecida al sur de Madrid…”. 

Cartel del Mercado de Villaverde Alto (Madrid)

Mar espera para ser atendida y comprar unos filetes de cinta de lomo. “Nos tienen olvidados. Aquí no he visto a un agente controlando desde hace meses y ahora pretenden multarnos si nos pasamos de zona en vez de reforzar los centros de salud, los rastreadores o el transporte”, señala. Y el carnicero añade: “Tenemos muy mala imagen. Aquí la gente se cree que esto es un gueto, que tenemos que despachar con reja, que todos somos delincuentes y de Villaverde ha salido mucha gente con carrera universitaria”.

Fuera, en un tramo del paseo Alberto Palacios, la zona básica de salud de San Andrés con una incidencia de 1.782 casos. Al otro lado, la zona básica de salud Alcocer (Potes, le dicen los vecinos), la incidencia se sitúa en 989 casos por 100.000 habitantes en 14 días. Nadie tiene claro dónde se encuentra esta frontera invisible. “Sólo sé que puedo llegar hasta la tortuga”, dice Ana en referencia a la escultura de la tortuga gigante y la mujer que abren este bulevar arbolado de Villaverde, centro de un pueblo convertido en ciudad desde 1954.

En “la parte confinada” del paseo Alberto Palacios está el bar Carovi. El disgusto del dueño es patente. A partir de ahora no podrá atender a nadie en la barra, el aforo tendrá que ser del 50% y tendrá que cerrar a las diez de la noche. “La gente ha cogido tanto miedo a contagiarse que ni siguiera vienen”, asegura. Enfrente siguen abiertas las casas de apuestas. Cinco en menos de cien metros de calle.

Sentados en un banco, apurando el pitillo, tres hombres entrados en años no hacen más que hablar de lo mismo. “En una tele dicen una cosa, en otra cadena, otra… así no hay quien se entere. Lo que no se puede hacer es que una calle esté confinada y otra, no”, lamentan.

Captura

De camino al centro de salud de San Andrés, Conchi y Pili, octogenarias ya, reconocen que no saben si están confinadas o no. “Mi hija pincha y pincha en una web que han puesto pero no le sale… el barrio de San Andrés, sí, pero por calles no sale nada”, asegura Conchi mientras cuenta que su hermano y su cuñada están ingresados en el Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid). “Allí también están muy mal”, asegura.

Calle arriba, a las puertas del centro médico de San Andrés, frente a la estación, los pacientes empiezan a apelotonarse. Ramón está enfadadísimo. Ha venido a acompañar a su mujer que tiene la tensión por los techos. “Aquí no te cogen el teléfono, no te atienden. En todo octubre no se puede coger cita por la web. Mi mujer lleva esperando que le operen de la rodilla 19 meses Es una vergüenza, y no lo digo por los médicos, que demasiado están trabajando”, se queja.

En el otro extremo del centro de salud esperan siete chicas jóvenes. Cuando nos acercamos a preguntar, contestan que son “médicos residentes”. En ese momento, sale una responsable del interior y las hace pasar.

-¿Vienen a reforzar el centro de salud?

-A esa pregunta no puedo contestarte.

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