El virus de la ANC

octubre 18 18:18 2020

Cataluña, a cinco días de otra Diada. Tras diez años de ruinoso «procés» -cinco mil empresas huidas e inseguridad jurídica-, ya no es la locomotora de España: cayó a la cuarta posición en PIB, por debajo de Madrid, País Vasco y Navarra. Mientras la comunidad madrileña crecía al 2,5 por ciento, la catalana se quedó en 1,8.

Con récord de paro en agosto, nuestra Dinamarca del Sur ostenta otros tristes liderazgos: de los 7.450 inmuebles okupados en España, 3.611 (casi la mitad) están en Cataluña. Un decreto de la Generalitat obliga a grandes propietarios a ofrecer un alquiler social a un porcentaje de sus inquilinos. Y como hecha la ley, hecha la trampa, las «buenas intenciones» contra los especuladores, bancos y fondos de inversión, despenalizan la ocupación: los okupas que lleven en la vivienda seis meses, aunque haya litigio judicial, podrán acogerse al alquiler alternativo.

La progresión del Covid-19 es tan poderosa como la del virus separatista que nos ha llevado a la quiebra social. Pero en el búnker de la ANC se pretenden inmunes: no solo ante la ley, sino ante la pandemia.

El gobierno de la República que no existe lidera el número de inútiles. Y eso que la competencia es dura. Sánchez cuenta con un septeto de inútiles: Iglesias-Montero, Manuel Castells, Isabel Celaá, Alberto Garzón, un tal Uribes y el Duque astronauta; pero el gobierno catalán no cede el liderato inútil: aunque Torra haya cesado a Buch, Chacón y Vilallonga, sus relevos -con el euro-inútil Tremosa en cabeza-, garantizan que hay banquillo para rato.

Quienes abogan por el voto útil deberían dejar de seguir al nuevo engendro del Fugado. Si el independentismo es de por sí inútil, lo más inútil, si cabe, es votar a Junts. Esquerra, al menos, hace valer sus votos de apoyo al gobierno para sacar adelante alguna ley general y mantener la mesa de negociación… Aunque al final -está en su naturaleza- regurgite la arenga chulesca: «La gobernabilidad de España me importa un comino» (Montse Bassa).

El grupo de Junts, Congreso y Senado, es peor: Laura Borràs (imputada), Míriam Nogueras («el estado español es un nido de corruptos, analfabetos y fascistas»), Josep Lluís Cleries (siete años de bienestar senatorial) o Jami Matamala (amiguete pagano de Puigdemont), por mencionar a los inútiles más mediáticos. Victimistas y faltones, ningunean el trabajo parlamentario y se llevan tres mil euros mensuales (dietas aparte).

En su «Abecedario de lector» (Paidós) Adolfo García Ortega, define el nacionalismo: «Se entiende como tal la erección exacerbada de monumentos -humanos o minerales- a la nación como Bien Supremo, por encima de cualquier valor, persona, circunstancia o pensamiento. Está demostrada su inmoralidad porque se emparenta con la xenofobia y el totalitarismo étnico. Su coartada suele ser ambiguamente democrática. Muchos escritores nacionalistas del siglo XIX pasan hoy por héroes; muchos escritores nacionalistas actuales por obtusos. La literatura perdurable es antinacionalista por antonomasia».

En esa ciénaga chapotea Elisenda Paluzie Hernández: propone celebrar una Diada presencial por encima de cualquier valor, persona, circunstancia o pensamiento. Ni el valor de la salud, ni el riesgo personal de los participantes y sus entornos, ni la circunstancia de los miles de contagiados y, mucho menos, el respeto al pensamiento de la mayoría no independentista coarta su egoísmo.

La lideresa de la ANC debe creer que las esteladas protegen del coronavirus: se pasa por el forro las opiniones del epidemiólogo Antoni Trilla, Jaume Padrós (presidente colegial con lacito) y Josep Maria Argimon (secretario de salud pública).

Los neonazis alemanes pretendían el pasado 29 de agosto ocupar el Reichstag; en España, comunistas e independentistas ya asediaron el Congreso y el Parlament, respectivamente. Está en su naturaleza. La ANC acorralará un centenar de edificios estatales de 82 municipios, hasta sumar 48.000 asistentes en toda Cataluña. En Barcelona, el escrache central será en plaza Letamendi (Hacienda) y el corro norcoreano rodeará la Universidad y ocupará la plaza España… En total, un aforo de 10.000 personas. Mientras la restauración debe reducir su clientela al 50 por ciento, la ANC acapara, con riesgo vírico, el espacio de todos. Y la Generalitat, que cerró teatros y cines, con aforos mucho menores, lo permite.

A su contrastada inutilidad -el odio siempre es inútil-, Paluzie une la «sinceridad» del dogmatismo. Su estrategia va más allá de la Diada; anima a desalojar a los rectores (según ella, unionistas) de la UB y la UAB en las inmediatas elecciones. La «depuración», al modo franquista, ayudaría a esta funcionaria por la vía española -¡viva la coherencia!- a ser pronto rectora y convertir la universidad, todavía más, en feraz -y feroz- semillero de odiadores.

Y es que a Paluzie le quedan pocas lunas en la ANC. Se busca la vida. Inmunes a la realidad y la ley, los fanáticos imponen sus mitomanías a costa de la salud colectiva. Está en su naturaleza.

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