Elena Anaya: «Si el caso contra Woody Allen se desestimó, no hay más vueltas que darle»

Elena Anaya: «Si el caso contra Woody Allen se desestimó, no hay más vueltas que darle»
noviembre 15 09:18 2020

Ha trabajado a las órdenes de Pedro Almodóvar, ha protagonizado con Richard Gere su última serie y ha sido la villana del «Wonder Woman». Pero a sus 45 años, Elena Anaya asegura que le queda todo por hacer. O casi todo. Porque ya ha logrado otro hito en una carrera en la que suma 49 películas: trabajar a las órdenes de Woody Allen. La intérprete presenta en el Festival de San Sebastián «Rifkin’s Festival», el último filme del neoyorquino, que inaugura el certamen.

¿Cómo fueron esas semanas de rodaje con Woody Allen?

Él es genial, y eso es lo que de alguna manera genera ese ambiente tan mágico, tan de su universo. A la hora de escribir sus guiones y de presentar a los personajes, a los que conoce tan bien, es único. No he leído nunca un guión con esa magia, con esa profundidad, esa agilidad, ironía, esa mezcla de géneros. De repente te estás partiendo de risa y te das cuenta que de lo que hablan es tremendamente triste, del desencanto de la vida o de la falta de poder elegir el amor, o cómo uno afronta la vida cuando va de cabeza. Él tiene esa manera tan peculiar de expresarse.

¿Trabajar con Woody Allen le dispara a uno internacionalmente?

Es uno de los grandes de la historia, de eso no hay duda. Pero hoy puede ocurrir lo contrario, porque también puede haber una lista negra. Lo pensé cuando me lo ofrecieron, pero lo acepté con todas las consecuencias y orgullo.

Kate Winslet reniega ahora de haber trabajado con Allen. En EE.UU. es casi un proscrito….

No se desde dónde se le ve, ni con qué prisma. Si el caso contra Woody Allen se desestimó, no hay más vueltas que darle. Quién soy yo para valorar lo que deciden los jueces.

¿Se puede separar la obra del autor?

Se distancia poco la obra de la persona. Woody es todas sus películas, en el mejor sentido de la palabra. Él pone todo lo que tiene al servicio del cine, se lo da todo. Y creo que eso le hace feliz, y más sabio cada vez. La distancia es corta entre la persona y el trabajo.

¿Se puede mandar al ostracismo un legado de 51 películas?

No es justo. Su legado es sus películas, y creo en la sabiduría del mundo. No se pueden hundir tantas joyas de la historia del cine, no lo creo. Hay mucha gente, en muchas partes del mundo, que siguen disfrutando de Woody Allen, de toda su obra, algunas han envejecido bien y forman parte de nuestra vida. Algún día todo se terminará y se aclararán las cosas y dejará de haber tantos equívocos sobre él.

¿Ha leído «A propósito de nada», la biografía de Woody Allen?

Estoy en ello, casi no he tenido tiempo este verano. Pero lo que he leído es brillante. Te puedes leer cualquier página y da igual, lo cojas por donde quieras no tiene desperdicio. Y él en persona es tal cual el libro.

¿Y cómo es en persona?

Pues no pierde el tiempo, llega al set a punto para trabajar, pide a los actores que ensayen un momento y luego es muy estricto en las indicaciones. Sobre todo lo fue conmigo, porque cuando llegué al rodaje, Wallace Shawn (el protagonista de Rifkin’s Festival) llevaba ya tres semanas rodando. Casi no cruzamos ni tres palabras y Woody ya estaba dándome indicaciones muy concretas después de cada toma, pero muy certero, no me dio una indicación que no me pareciera brillante. A veces lo decía con sarcasmo o ironía, y otras con crudeza o sequedad. El primer día pensé que me iban a echar, que lo estaba haciendo falta y que iban a llamar a otra. Pero no lo hicieron y al terminar me agradeció el esfuerzo y el trabajo.

Imagino que ese primer día fue duro…

Me costó aceptar a veces los golpes, porque un actor está muy expuesto y yo soy muy tímida, y un golpe de alguien como Woody Allen no te lo esperas, no esperas que un director te diga algo muy seco, y a veces fue duro, pero me iba a mi casa y lo digería para no salir corriendo al día siguiente mientras me maquillaban.

Pero al final, salió bien la cosa…

El último día me dio un abrazo y me impactó. Estaba más que satisfecho.

Después de 26 años de profesión, ¿un gesto así sigue impactando?

Sí, porque después de tanto tiempo en el oficio mantengo la ilusión. Cada día en este trabajo es empezar de cero, es empezar nervios, muerta de miedo, de no saber que vas a hacer, cómo afrontar un papel, un personaje… Y cada vez el director es diferente. Y entonces en esta experiencia, claro, he conocido a Woody, me ha dirigido, me ha dado lecciones magistrales, y es lo que me quedo, el aprendizaje, el set con secuencias muy complicadas. Ojalá más secuencias así y un director así en mi vida, que me exija y me pida. Ese es el trabajo de un director, y el de un actor es aguantar en el camino.

Lleva casi 50 películas a sus espaldas…¿qué le queda?

Me queda todo, acabo de empezar (risas). Tengo ganas de seguir, de seguir recibiendo proyectos, y ojalá lleguen muchos más y los pueda realizar todos. Y ojalá el oficio me permita trabajar. Hay tantos directores que me gustaría, por ejemplo Isabel Coixet, que soy fan.

A más de una película, ¿cómo elige los proyectos?

A veces es más difícil decir que no a decir que sí, pero una carrera se hace diciendo más que no que sí.

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