García Ontiveros, psicóloga clínica: “Los sanitarios están muy dañados, no van a poder” con el repunte

García Ontiveros, psicóloga clínica: “Los sanitarios están muy dañados, no van a poder” con el repunte
noviembre 20 08:21 2020

Hace cuatros meses, a mediados de mayo, cuando en España ya se había alcanzado el pico de infectados por coronaviurs, NIUS quiso saber cómo estaba la salud mental de los sanitarios, de aquellos que  estaban luchando contra la covid-19 en primera línea de batalla.

Entrevistamos entonces a una de las personas encargadas de ocuparse de su cuidado, de ayudarles a digerir lo que estaban viviendo. Hablamos con Marisa García Ontiveros, psicóloga clínica del hospital Gregorio Marañón de Madrid, que dibujaba un panorama desolador y advertía de lo que ya está sucediendo. “Si hay un repunte” decía, “no sé cómo vamos a hacerlo”, dudaba de que fueran capaces de afrontarlo.

Y el repunte ya está aquí. Las UCI vuelven a llenarse, las urgencias empiezan a colapsarse y en planta se multiplican los enfermos infectados por el virus. En medio de este caos, resuena un lamento unánime: “Otra vez no, otra vez no”, el de los sanitarios desesperados ante lo que se les avecina. “Son las palabras que más se escuchan estos días” confiesa la doctora García Ontiveros, con la que hemos querido volver a testar el nivel de angustia de este colectivo. 

PREGUNTA. Ya nadie parece tener dudas de que vivimos una segunda oleada del virus. ¿Sentís que ha cambiado algo respecto a hace seis meses, cuando la pandemia nos sorprendió a todos?

RESPUESTA. Nada de nada. Es como un déjà vu, algo que ya hemos vivido antes. Es más de lo mismo, pero peor, porque ahora los profesionales arrastramos un desgaste tremendo. El agotamiento físico y mental es enorme. No ha habido tiempo de recuperarse, los sanitarios sienten una indefensión total que les provoca apatía y desánimo. Están muy mal, estamos muy mal, incluidos los psicólogos y psiquiatras que debemos velar por su salud mental, porque todos somos humanos, también hemos tenido pérdidas, tenemos familias… sufrimos las consecuencias de esta crisis doblemente, en el ámbito profesional y en el personal. Para nosotros se multiplican los factores de estrés.

P. ¿Y ese estrés cómo se materializa en el día a día?

R. Pues para empezar hay mucha gente de baja por ansiedad y por desgaste emocional. Las plantillas están mermadas, cansadas y casi desesperadas, diría yo. La gente ha tenido pocas vacaciones, algunos apenas una semana, y eso no hay quien lo soporte con el nivel de exigencia al que se ha estado sometido. Pretender que esto recaiga sobre los mismos hombros y las mismas espaldas que la primera oleada es una ingenuidad, no vamos a poder con ello. 

P. En vuestro hospital habéis organizado unos grupos de apoyo psicológico para todo el personal que lo necesite, ¿qué os cuentan, de qué se quejan los sanitarios?

R. Están sobre todo enfadados, sienten rabia, se preguntan por qué después de lo vivido no se ha previsto alguna medida para que no se repitiera. Sienten que no se les ha tenido en cuenta. Es como si se hubiera olvidado que el sufrimiento que han pasado los profesionales a pie de UCI y de cama ha sido tan grande que no les es posible volver a pasar por lo mismo. Si esa premisa se hubiera tenido en cuenta se habrían puesto medios para que las cosas no alcanzaran otra vez esta dimensión.

Pretender que esto recaiga sobre los mismos hombros y las mismas espaldas que la primera oleada es una ingenuidad, no vamos a poder con ello

Están muy desilusionados y se preguntan a quién le importan realmente, y ellos mismos se responden: A nadie, porque aquí estamos otra vez en lo mismo, doblando turnos, sin medios suficientes…

P. Hablas de sentimientos de rabia, de desilusión, ¿y miedo hay, están, estáis asustados?

R. Miedo, claro, todos tenemos mucho miedo, a enfermar nosotros, a llevar el virus a nuestra casa, a que enfermen nuestros familiares, eso no ha cambiado tampoco.

P. ¿Y cómo estáis ayudando a la gente a superar anímicamente todas estas emociones?

R. Pues difícilmente, porque ya ha llegado esta nueva ola sin que tuviéramos tiempo de reparar lo anterior. A mediados de junio empezamos con unos grupos de autocuidado, cuatro sesiones diarias en las que hablábamos de la experiencia traumática, de la regulación emocional, de las pérdidas que todos habíamos sufrido, de las situaciones de duelo constante tan estresantes, y también del autocuidado, de cómo extraer de todo esto un aprendizaje que lo dotara de significado y que nos permitiera continuar de la manera menos traumática posible. Pero todo ha quedado interrumpido o aparcado ante el baño de realidad. Estamos otra vez con la misma sobrecarga, el mismo esfuerzo, en fin… es como un mal sueño, una pesadilla que de pronto creías que había pasado y que ha vuelto. 

P. Como dices, la gente salió muy tocada de la primera oleada, crees que ante lo que viene podría haber  bajas masivas de sanitarios que no se ven con fuerzas de enfrentar esta situación por segunda vez?

R. Claro, claro, si tú sometes a un estrés importante a cualquier ser humano exigiéndole una tarea que es inabarcable, el ser humano hace crack. Primero cae en una ansiedad tremenda, porque intenta estar ahí, en la tarea. Todos intentamos atender, atender, atender, pero llega un momento en que la tarea es tan grande que no se puede acometer, entonces se cae en una indefensión tremenda, en una sintomatología afectiva muy aguda y acabas rompiéndote emocionalmente, te colapsas. 

Es como un mal sueño, una pesadilla que de pronto creías que había pasado y que ha vuelto

Fíjate, profesionales que en la primera oleada yo vi que estaban fuertes, que parecía que podían con todo, que decían no pasa nada, estoy bien, ahora están emocionalmente mal, casi rotos. No estamos rotos del todo porque la profesionalidad nos puede, y mientras halla un paciente vamos a estar ahí, atendiéndoles aunque sea de rodillas, pero esa gente que al principio estuvo bien ahora está francamente mal. Y los que estaban mal, están aún peor. 

Tras estos meses han descubierto que todo lo que pasaron, el aislamiento, la muerte, la soledad, el enfrentarse a las familias, situaciones que nunca se habían vivido, les han pasado factura. Nosotros estábamos habituados a cuidar, no a ver cómo la gente se moría en tus manos sin poder hacer nada,  eso es tremendo Todo ello, aunque entonces no éramos conscientes, nos ha afectado muchísimo. Cuando todavía no lo habíamos reparado viene de nuevo el huracán.

P. Y no queréis que os arrastre…

R. No, es un sufrimiento que no queremos, que rechazamos, estamos en el derecho de decir no queremos volver a pasar por lo mismo, porque es que además hay otras maneras de gestionar la situación, otras formas de prever las cosas, de aligerar la carga.

Vivimos en una incertidumbre grande, no sabemos hacia dónde vamos ni cuánto va a durar esto. En esta situación es muy difícil mantener la salud mental.

Los políticos tienen que ponerle fin a esto de algún modo, escuchar a los sanitarios, buscar soluciones, reforzar las plantillas, dar descansos a la gente, empezar a cuidar a los profesionales, porque son esos mismos los que van a tener que cuidar de la población cuando enferme, de covid o de cualquier otra patología, y si no están bien, ¿cómo van a hacerlo?. ¿Alguien se ha preguntado en qué medida se ha compensado el esfuerzo de los profesionales que han estado ahí soportando sobre su espalda todo el peso de la crisis sanitaria? 

Y lo peor es que esto no tiene visos de acabar pronto, seguimos expuestos a una situación potencialmente traumática, que ya conocimos y que no ha terminado, que está en desarrollo. Vivimos en una incertidumbre grande, no sabemos hacia dónde vamos ni cuánto va a durar esto. En esta situación es muy difícil mantener la salud mental. Estamos sobreexprimiendo a un colectivo y por ende a todo el sistema sanitario. En cualquier momento puede saltar por los aires, es una bomba de relojería.

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