La flamenca de trencadís, compuesta y sin novio: las tiendas de ‘souvenirs’ tocan fondo

La flamenca de trencadís, compuesta y sin novio: las tiendas de ‘souvenirs’ tocan fondo
noviembre 16 18:49 2020

La flamenca de trencadís acumula polvo en la estantería de un souvenir en la calle Mallorca, cerca de la Sagrada Familia de Barcelona. Junto a ella, imanes de paellas, toros y camisetas del Barça, con el dorsal de Messi, que han seguido intactas en sus perchas durante todo el verano. Con los últimos coletazos de la época estival, los propietarios de estas tiendas tocan fondo con unos ingresos que, a menudo, no llegan a ni a los veinte euros diarios.

Las tiendas de recuerdos se suman a la larga lista de empresas que están sintiendo el golpe de la pandemia en sus cuentas a final de mes. “Es mejor no abrir la caja”, explica Alok Lahad, presidente de la Asociación de Negocios Turísticos en Barcelona.

Por no abrir, Alok ya ni siquiera abre las puertas de sus dos tiendas situadas en calles aledañas a la Sagrada Familia. Bajó la persiana el 14 de marzo, cuando se decreto el estado de alarma, y, aunque volvió a abrir durante unos días, continúan cerradas. “Sigo pagando alquiler, pero no le veo sentido a abrir porque serían más gastos y estaría expuesto al virus. Los días que lo hice facturé 15 euros un día y 18 al otro“, añade. 

No es la primera vez que siente en primera persona los efectos de una crisis económica. La de 2008 le obligó a cerrar la joyería que había regentado durante 15 años: “Ahora ya no tengo dinero para reinventarme. No sé que vamos a hacer”.

Un paseo por las calles que rodean el templo de Gaudí, es suficiente para comprobar que la marea de turistas, que otros veranos se amontonaban frente a las puertas para sacar su mejor selfie, no ha llegado a Barcelona ni tampoco se le espera. “Después del estado de alarma, empezaron a llegar algunos grupos de franceses y británicos, pero se acabó cuando comenzaron los rebrotes y las restricciones en sus países de origen”, explica Amit Sharma, propietario de siete tiendas del sector en las inmediaciones de la Rambla.

Sin turistas y sin negocio, tienen que seguir haciendo frente al pago del alquiler. Aquellos que tienen sus locales cerca de la Rambla de Barcelona pueden llegar a pagar entre 12.000 y 18.000 euros mensuales. Rentas algo inferiores encaran aquellos próximos a la Sagrada Familia, entre 1.500 y 4.000 euros, según datos de la Asociación de Negocios Turísticos en Barcelona.

“Estamos inyectando los ahorros que teníamos en el negocio, pero hemos calculado que los agotaremos por completo de aquí al próximo mes de marzo. Si el año que viene el negocio no avanza tendremos que abandonar, habiendo invertido todo lo que teníamos”, señala Amit Sharma, mientras reconoce que sus ventas se han reducido un 98%.

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5.000 familias dependen del sector

En la ciudad condal se calcula que hay unas 200 tiendas dedicadas a la venta de recuerdos. “Si tenemos en cuenta a las personas que estaban contratadas en cada souvenir y a todos aquellos que trabajan para las empresas mayoristas de este sector, estamos hablando de una industria que da trabajo a cerca de 5.000 familias en Cataluña”, manifiesta, sin poder disimular su pesar, Alok Lahad. 

Y es que, detrás de la fabricación de algunos de los productos más pintorescos están también empresas del territorio catalán. Es el caso de una empresa ilerdenses encargada de una de las creaciones más deseadas por el turismo de sol, playa y alcohol: la figurita de torero rellena de sangría.

Se trata, sin duda, de una industria en continua renovación que cada temporada encontraba el modo de hacerse con el interés del turista extranjero, pero que nunca ha acabado de convencer al turista nacional. Aunque han gozado de años de bonanza, denuncian que siempre se han sentido atacados por parte de la administración “que les ha acusado de dar mala imagen“. 

Durante los últimos años, el Ayuntamiento de Barcelona ha tratado de frenar el auge de estos establecimientos. Pero las dificultades para definir el souvenir ha complicado el control. “Las nuevas aperturas podían vender solo un 20% de souvenir, desde hace ya algunos años. Pero ni la propia administración sabe determinar qué es un souvenir. La camiseta del Español no lo es, pero la del Barça de Messi sí. Hemos visto tantas barbaridades que lo que sentimos es un ataque directo”, lamenta Sharma.

Con este panorama, Govind Morvani, con cuatro locales en Barcelona y tres de ellos cerrados, intenta quitar hierro al asunto cuando se le pregunta por la temporada de verano. “La temporada bien, no me falta la salud, porque del negocio mejor ni hablamos”. Llegó hace 45 años a Barcelona desde la India y ahora sólo espera que el sector pueda volver a levantar poco a poco el vuelo en marzo del próximo año. De lo contrario, cree que en dos años habrá agotado todo lo que había conseguido ahorrar.

Y, mientras marzo llega, la flamenca guarda su vestido y saca la mascarilla, mucho más eficaz en estos tiempos marcados por la pandemia.

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