La inmunidad colectiva como estrategia para combatir la COVID-19 es “peligrosa”

La inmunidad colectiva como estrategia para combatir la COVID-19 es “peligrosa”
noviembre 18 08:48 2020

Dejar que una población alcance la inmunidad colectiva de manera natural ha provocado mucha controversia entre los expertos. Algunos países, como Suecia, han optado por esta estrategia, pero meses después sus científicos lanzaron un mensaje al mundo: “No hagáis como nosotros”. Y los expertos de todo el mundo tampoco están del todo seguros con la idea de permitir que las personas generen anticuerpos de forma natural. Advierten que, a medida que el virus se expande, podrían morir muchas personas.

“Si pensamos en la inmunidad colectiva en el sentido natural de dejar correr un virus, es muy peligroso. Eso significa que muchas personas están infectadas, muchas personas necesitarán hospitalizaciones y muchas personas morirán“, señaló la líder técnica de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la respuesta al coronavirus, Maria Van Kerkhove, la pasada semana. Por eso, desde la OMS apuntan que la “inmunidad colectiva” se suele discutir en el contexto de las vacunas, no como una respuesta a una pandemia. “Normalmente cuando hablamos de inmunidad colectiva, hablamos de cuánta población necesita vacunarse para tener inmunidad al virus para que la transmisión ya no se produzca, o sea muy difícil para un virus o un patógeno transmitirse entre personas”, añadió.

“Nunca he abogado por esa estrategia”, confesaba este lunes por su parte Scott Atlas, miembro del Grupo de Trabajo sobre el Coronavirus de la Casa Blanca, antes de negar rotundamente que esté impulsando esta estrategia en Estados Unidos. Sin embargo, un portavoz del Gobierno sí afirmó a CNN que las políticas que aplica el doctor sí van en esta dirección: “Todo lo que dice y hace apunta a la inmunidad colectiva”.

Según informó este lunes Leana Wen, profesional de emergencias y analista médica, si Estados Unidos se propone alcanzar la inmunidad colectiva podrían morir unos dos millones de estadounidenses en el proceso: “Si esperamos hasta que entre el 60% y el 80% de las personas lo tengan, estamos hablando de que más de 200 millones de estadounidenses lo recibirán, y con una tasa de mortalidad del 1%, digamos, dos millones de estadounidenses morirán en este esfuerzo por tratar de obtener inmunidad colectiva. Esas son muertes evitables de nuestros seres queridos que simplemente no podemos permitir que sucedan bajo nuestra supervisión”.

Es mejor reforzar la sanidad pública

Scott Gottlieb, excomisionado de la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA), escribió este domingo un artículo de opinión para The Wall Street Journal, en el que se oponía a la idea de que Estados Unidos siga el modelo sueco.

“Muchos suecos se retiraron de sus actividades normales para protegerse de la infección de todos modos, incluso las personas más jóvenes y de mediana edad. El país experimentó 5.821 muertes por COVID en una población del tamaño de Carolina del Norte. Y Suecia está muy por debajo de la inmunidad colectiva, incluso cuando la recuperación económica del país se encuentra entre las peores de su región”, escribió Gottlieb. “Enfrentar una pandemia peligrosa requiere contener la propagación donde sea razonablemente posible”, añadió.

En esta línea, Howard Koh, ex vicesecretario de Salud del presidente Obama, y profesor de Harvard TH Chan School of Public Health, afirmó a CNN que “el intento de Suecia de crear ‘inmunidad colectiva’ ha sido lamentablemente infructuoso y definitivamente no es una estrategia que debamos intentar replicar en Estados Unidos”.

Por eso, opina que “en lugar de impulsar la inmunidad colectiva, Estados Unidos debe redoblar las herramientas de salud pública a nuestra disposición, incluido el uso de mascarillas universales, pruebas generalizadas y rastreo de contratos, hasta que estén disponibles una vacuna y terapias más efectivas”.

La ineficaz estrategia sueca

Suecia, a diferencia de la gran mayoría de países, no impuso confinamiento cuando la pandemia comenzó a expandirse por Europa. Las autoridades llamaron a la responsabilidad personal, y la mayoría de bares, escuelas, restaurantes y comercios permanecieron abiertos. Una estrategia que no resultó como se esperaba. Solo el 7,3% de las personas de Estocolmo habían desarrollado anticuerpos a finales de abril, muy por debajo del 70-90% necesario para conseguir la inmunidad colectiva.

Actualmente, el país registra más de 5.800 muertes por COVID-19, lo que corresponde a 576,38 decesos por millón de personas. Una cifra mucho mayor que la de algunos de sus vecinos más cercanos, con densidades de población bajas similares, como Dinamarca (107,73), Finlandia, (60,46), Noruega (48,7) o Estonia (48,25).

“Cuando la mayoría de la población es inmune a una enfermedad infecciosa, se proporciona protección indirecta (inmunidad colectiva) a quienes no son inmunes a la enfermedad, al actuar como un baluarte contra nuevos aumentos repentinos de infecciones”, comentaron Eric Orlowski, de la Universidad College London y David Goldsmith, en un estudio publicado por Journal of the Royal Society of Medicine a mediados de agosto.

“Es probable que parte de esta diferencia -entre escandinavos- en los resultados de mortalidad también se deba a que no se protegió a los suecos más vulnerables de las infecciones (entre el 40% y el 50% de sus casos se produjeron en residencias de ancianos). Pero, al igual que con otros aspectos de esta crisis sin precedentes, se necesita más tiempo para comprender los impactos duraderos”, añadieron los expertos, asegurando que si la inmunidad colectiva no incluye pruebas, rastreo y aislamiento, será muy difícil proteger a las poblaciones vulnerables.

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