La otra «passione» de Rosellini y el Ferrari que regaló a Ingrid Bergman

La otra «passione» de Rosellini y el Ferrari que regaló a Ingrid Bergman
octubre 17 00:18 2020

Cinecittà, los históricos estudios romanos donde se han rodado más de tres mil películas y Migle Millia, la legendaria carrera Brescia-Roma-Brescia que se disputó entre 1927 y 1957 cuando el accidente del Marqués de Portago marcó el final de aquella prueba única . Escenarios diferentes, pero en ambos comedias y dramas. Y un personaje que los conocía muy bien, Roberto Rosellini.

La juventud de Rossellini se desarrolla en los años 30, en pleno fascismo italiano, donde aviación, automóvil y cine eran los pilares del hombre moderno. Y en una familia bien situada tanto a nivel económico como social. Su padre era un arquitecto de renombre, y su tío un importante constructor: a ambos se deben las primeras salas de cine en Italia.

Así que en este ambiente no resulta extraño que Rossellini se apasione por el cine y, a la muerte de su padre, se inicia como técnico de sonido en películas. En 1938 dirige su primer cortometraje, Prélude à l’aprés-midi d’un faune, tras el cual actuaría de ayudante de dirección de Goffredo Alessandrini en el rodaje de «Luciano Serra pilota», uno de los grandes éxitos del cine italiano de aquellos años. En 1940 asistió a Francesco De Santis en «Uomini sul Fondo». Su primer largometraje, «La Nave Bianca» (1941) marca el inico de la llamada «Trilogía fascista», junto con «Un pilota ritorna» (1942) y «Uomo dalla Croce» (1943). A esta etapa corresponde su amistad y cooperación con Federico Fellini y Aldo Fabrizi. Y también con Vittorio Mussolini, uno de los hijos del Duce, aviador y productor de cine.

Pero no solo le atraen los motores de las cámaras sino también de los automóviles. Muy joven participa en la carrera Roma-Norcia y en la subida de Vermicino-Rocca dei Papa. Nunca olvidará su primer coche, un Chiribiri, marca creada por Antonio Chiribiri (fabricante de piezas para aviones) y por el conde Gustavo Brunetta d’Usseaux. Era un automóvil pequeño y muy ligero que se labrará una buena fama en las competiciones de los años 20 y que permitirá a Rossellini hacer realidad sus sueños de piloto. «Yo era aún un niño y ya contemplaba el coche de mi padre como el juguete más maravilloso. A veces me permitía conducir a su lado su Fides-Brasier en alguna tranquila carretera».

Antes de finales de la década de los 30 ya había adquirido varios automóviles de altas prestaciones. Finalizada la guerra se contaba entre los exclusivos propietarios de un Alfa Romeo 6C 2500 SS a compresor, del que tan solo se habían construido diez ejemplares. La firma milanesa venía de un periodo dorado previo a la guerra cuando sus coches eran los preferidos de jefes de estado a reyes, pasando por aristócratas, miembros de la alta sociedad financiera o literatos como d’Annunzio. Esta fama de los Alfa provenía tanto por sus excelentes automóviles de calle, con avanzadas mecánicas y bellas carrocerías, como por los resultados en competición debidos a la Scuderia Ferrari, el equipo oficial de la fábrica milanesa bajo el mando del Commendatore, que a lo largo de los años 30 participaría en doscientas cincuenta competiciones, logrando una victoria de cada dos salidas.

Cuando Enzo Ferrari se independiza e inicia ya la fabricación de sus propios coches tras la Segunda Guerra Mundial, captaría a aquella clientela de Alfa, bien situada en todos los ámbitos, y entre ellos al mismísimo Roberto Rossellini que en 1945 ha iniciado su etapa neorrealista estrenando su inolvidable «Roma, cittá aperta» , seguida un año después por «Paisà» (Camarada), filmada con actores no profesionales, y en 1947 por «Germania anno zero».

Así Rossellini, tras adquirir un Cisitalia 202, compra un su primer Ferrari, un 212 antes de subir un escalón más con un 250 e incluso posteriormente encargará versiones especiales y únicas.

Cuando Ingrid Bergman llega el 20 de marzo de 1949 a Roma, tras la famosa carta en la que la actriz le cuenta al director italiano que está lista para hacer una película con él («…en italiano so se decir Ti amo») , Rossellini la pasea por toda Italia en uno de sus Ferrari, ante la furia de Anna Magnani con la que aún mantenía relación sin olvidar que estaba casado con Marcella de Marchis. El 13 de diciembre de 1949 estallará el escándalo cuando se confirma que Ingrid (aún casada con Peter Lindstrom) estaba embarazada de siete meses de un hijo de Rossellini.

En 1950 Roberto e Ingrid, ya obtenidos los divorcios de ambos en México, se casaron por poderes en Juárez. Para celebrar el segundo aniversario de esta boda, Rosselini regala un Ferrari 250 Inter carrozado por Pininfarina à Ingrid Bergman. En un encuentro con Enzo Ferrari, la actriz sueca le dice: «En lugar de comprarnos un nuevo apartamento, hemos encargado un nuevo Ferrari con un maletero mayor».

Pero al recoger el coche, Ingrid Bergman se da cuenta que el maletero se queda pequeño para todo el equipaje: Rossellini era conocido por viajar cargado con las cosas más inverosímiles, incluidos todo lo necesario para poder cocinar comida italiana en cualquier lugar, como cuenta Indro Montanelli en su libro Personajes. Así el matrimonio deja Roma con la baca del techo llena de maletas. Atravesarán Europa a través de Italia, Suiza, Alemania, y embarcan en un ferry hacia Dinamarca para desde allí dirigirse a Suecia. Llegarán al Grand Hotel de Estocolmo a las tres de la madrugada. Al día siguiente la actriz recogerá uno de tantos premios que jalonaron su carrera.

Rossellini no se conforma con viajar, por cierto a gran velocidad, por carretera. Ama la competición y así participa en las Mil Millas de 1953 con un Ferrari 250 MM. Ingrid Bergman seguirá la carrera pendiente de su marido: en una foto inolvidable se la ve en la salida en cariñosa actitud con Roberto. Y su copiloto no es otro que el cámara Aldo Tonti, al que conoce desde la época de «Luciano Serra pilota» y con el que acababa de rodar «Europa ’51». Tonti será director de fotografía de varias películas de Rossellini como «India» (1958) e igualmente conocidos por sus trabajos con otros directores como «Guerra y paz» (1956) de King Vidor; «Las noches de Cabiria»» (1957) de Federico Fellini; o Los dientes del diablo (1961) de Nicholas Ray.

Al tiempo, Rossellini estaba rodando «Viaggio in Italia» que estrenará en 1954. En esta película titulada en España como «Te querré siempre» y que para Cahiers du Cinema es el inicio de la Nouvelle Vague, el automóvil tiene un protagonismo especial. Los Joyce, un matrimonio británico interpretado por Ingrid Bergman y George Sanders, recorren la Italia del sur en un Bentley Mk VI que, por cierto,era propiedad del propio Rossellini. Este lujoso automóvil en el escenario campesino y pobre del sur italiano de la posguerra, sirve al director para trasmitir al espectador el alejamiento del matrimonio Joyce de la realidad, del exterior. E igualmente de la distancia que va creciendo entre los personajes de Katherine y Alexander Joyce.

Rossellini no solo ama los automóviles rápidos («no creo que la velocidad sea la principal causa de accidentes» o «no hay mayor emoción en el mundo que conducir un Ferrari a fondo», dijo en varias ocasiones) sino que era capaz de analizar su comportamiento, el trabajo de frenos, motor o cambio, como un buen piloto. Y esto le gustaba a Enzo Ferrari con el que se reunía, acompañado por Ingrid Bergman, en numerosas ocasiones y le cautivaba con su conversación. Enzo Ferrari comentaría sobre Rossellini que «nunca he conocido a alguien tan extraordinario y tan absurdo, tan instintivamente generoso y tan excéntrico. De hecho nunca podré olvidar el cariño con que trató a mi hijo durante su enfermedad». Dino, ingeniero e hijo de Il Commendatore, era íntimo amigo del director de cine, y morirá a los 24 años por una distrofia muscular.

Gil Rossellini era hijo de la guionista india Sonali Senroy Das Gupta, a la que Roberto Rossellini conoció en la India cuando aún estaba casado con Ingrid Bergman. Tras casarse con Sonali en 1957, Roberto le adoptó. Gil narraba como con doce años, en 1968, visitó con su padre a Enzo Ferrari. El Commendatore les mostró la fábrica e hizo traer su última creación, el 330 GTC. Sentó a Gil junto a él y se lanzó a la carretera durante casi una hora. Volviendo de la fábrica Roberto le contó a su hijo que Ferrari nunca llevaba a nadie cuando probaba un coche y que su gesto había sido algo único, como un agradecimiento excepcional por su comportamiento con Dino. Gil Rossellini, que se convertiría en un importante productor de cine y director de documentales, antes de morir por una larga y extraña enfermedad con tan solo 53 años, declaraba: «He tenido mucha suerte, he conocido a personas extraordinarias, he visitado lugares de inigualable belleza y tuve la fortuna de casarme con una mujer bella e inteligente. Conduje coches históricos preciosos y toqué profesionalmente durante seis años. Produje tres películas y dirigí muchos documentales…». Está claro que de su padre también había heredado, además del talento artístico, su pasión por los bellos automóviles.

Ingrid Bergman prefería su Simca Sport, más fácil de conducir que un Ferrari (los de la época tenían unos embragues y cambios muy duros) pero también era una de las pocas personas que aceptaba acompañar a Rossellini en sus viajes. Curiosamente hay un Ferrari conocido popularmente como «Bergmann». Se trata de un 375 MM del año 1954 con carrocería especial realizada por Scaglietti, que Roberto encargará para Ingrid. Dos años después Roberto se irá a la india y volverá con una nueva familia.

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