Llueve sobre mojado en Sudán Sudán se ve asolada por unas lluvias e inundaciones históricas que aumentan el temor a los efectos del cambio climático

Llueve sobre mojado en Sudán Sudán se ve asolada por unas lluvias e inundaciones históricas que aumentan el temor a los efectos del cambio climático
septiembre 21 09:18 2020

En los últimos años, la época de lluvias que tiene lugar en Sudán entre julio y septiembre venía provocando una cantidad de pérdidas humanas y materiales cada vez más alta, como un preludio de lo que podría ocurrir el siguiente curso a medida que los efectos del cambio climático en la región se hacen notar con mayor intensidad. Este año, las precipitaciones e inundaciones, que siguen, están golpeando el país de una forma sin precedentes. 

Hasta la fecha, las autoridades locales han informado de la muerte de 121 personas y más de medio centenar de heridos a causa de las inundaciones y deslizamientos, que según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) han afectado ya a unas 730.000 personas y azotado 17 de los 18 estados de Sudán. Los niveles de agua del Nilo, por su parte, alcanzaron en agosto su máximo histórico desde que se empezaron a registrar hace un siglo, 17,4 metros, de acuerdo con el ministerio del Agua.

“Desgraciadamente las inundaciones son cíclicas en Sudán y nos enfrentamos al mismo problema cada año, pero esta vez la situación ha sido muchísimo peor“, explica Saviano Abreu, portavoz de OCHA en Sudán. “Estamos ante una de las peores inundaciones desde 1988, cuando un millón de casas fueron destruidas o dañadas”, agrega.

La distancia entre los estados más severamente golpeados, que incluyen Sennar, en el sur, Río Nilo, en el norte, y Gezira y Jartum, en el centro y donde se encuentra la capital, dan buena cuenta del alcance del desastre natural. En Jartum, Gezira y Nilo Blanco, por los que transcurre el histórico río, la zona inundada alcanza los 500 km2, según OCHA.

La devastación ha afectado también a decenas de miles de refugiados y desplazados internos, en particular en el castigado estado de Darfur Norte, de acuerdo con el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (UNHCR), que ha alertado de que miles de ellos se han visto forzados a buscar de nuevo refugio en instalaciones públicas o con sus familiares. Al menos una quincena había muerto hasta principios de septiembre.

La difícil situación en la que se encuentra sumido el país representa un doble desafío a nivel sanitario. Por un lado, las autoridades han alertado de que las fuertes lluvias dificultan la contención del coronavirus, y por el otro, que aumentan las posibilidades de otros brotes de enfermedades transmitidas por el agua o por vectores, como mosquitos.

Las pérdidas materiales son igualmente formidables. En total, más de 150.000 casas han resultado destrozadas o afectadas, según el recuento del ministerio de Trabajo y Desarrollo Local, a las que, de acuerdo con la OCHA, se suman al menos 43 escuelas y más de 2.500 centros sanitarios. Miles de cabezas de ganado y de hectáreas de tierras agrícolas también se han visto afectadas, en plena época de cosecha, lo que supone un reto añadido a la seguridad alimentaria del país. En varias ciudades el ejército se ha movilizado para asistir en labores de evacuación, prevención y distribución de ayuda.

“Sudán ya se enfrentaba a una situación muy complicada antes de las lluvias y esto nos pone todavía más presión y sobrecarga para atender a las necesidades más básicas de una población altamente vulnerable”, alerta Abreu.

En los últimos días, las autoridades locales han informado que el nivel de agua en la mayoría de tramos del Nilo ha comenzado a dar una tregua respecto a los máximos históricos registrados, pero algunas partes del río se mantienen en sus puntos más altos. Además, está previsto que vuelvan a caer en los próximos días fuertes lluvias en varias zonas del país y en la vecina Etiopía. En medio de esta situación, el gobierno declaró el país área de desastre natural y el estado de emergencia el pasado 4 de septiembre.

La época de lluvias e inundaciones de este año llega además cuando la economía del país se encuentra al borde del abismo. Desde que asumió las riendas del país hace poco más de un año, el gobierno de transición de Hamdok ha tenido que hacer frente a una economía críticamente enferma heredada del régimen de Omar Al Bashir, depuesto en abril de 2014.

En paralelo, el ejecutivo de transición sudanés ha hecho un llamamiento a la comunidad internacional y a organizaciones de ayuda humanitaria a brindar asistencia al país, a la que por el momento se han sumado países como Arabia Saudí, Qatar, Egipto y Kuwait.

“[En OCHA] pudimos responder rápido al principio de las lluvias porque teníamos ya preparados suministros de emergencia para atender por lo menos a 250.000 personas”, asegura Abreu. “Pero los números superaran nuestra previsión y estamos ahora en una carrera contra el tiempo para conseguir fondos y suministros para seguir”, agrega.

Algunos expertos y grupos de investigación, tanto sudanesas como internacionales, han alertado que las agresivas lluvias e inundaciones de este año no se pueden desvincular de los efectos del cambio climático en la región. Así, en las próximas décadas se espera un aumento considerable en la región de temperaturas anuales y probablemente también de la intensidad de las lluvias estacionales, acompañadas de sequías más frecuentes.

En Sudán, eventos climáticos extremos como inundaciones y sequías ya son cada vez más frecuentes e impredecibles. Y en África Oriental, este desastre natural coincide con otros episodios similares que también se creen conectados con el cambio climático, como la subida histórica del nivel de agua del lago Victoria y una fuerte plaga de langostas.

“Es evidente que existe conexión entre el cambio climático y este tipo de fenómenos meteorológicos”, señala Khalid Mohamed, profesor en planificación y gestión ambiental en la Universidad Ahlia de Omdurmán y miembro de la Asociación de Ecologistas de Sudán. “La fluctuación de las tasas de lluvia y eventos desastrosos asociados como fuertes sequías e inundaciones, por un lado, y el aumento de la temperatura a causa de la emisión de gases de efecto invernadero, por el otro, está estadísticamente correlacionado”, agrega.

“Las inundaciones han sido causadas por fuertes precipitaciones, grandes acumulaciones de lluvia recientes en Sudán y Sudán del Sur y un gran caudal en el Nilo Blanco, que tiene su origen en el Lago Victoria, donde los niveles de agua han superado recientemente su récord de 120 años, algo que está probablemente vinculado al cambio climático”, observa John Marsham, profesor en la Universidad de Leeds y líder de un grupo de investigación centrado, entre otros, en el cambio climático. “También se sabe que el cambio climático intensifica las precipitaciones, ya que el aire más cálido puede contener más agua, y el cambio climático puede estar intensificando los efectos de La Niña, con la que algunas de las lluvias recientes están asociadas” agrega Marsham.

“Es sabido que la precipitación media anual en Sudán varía entre 500 y 1.000mm en las regiones centrales y suroccidentales [del país], pero este año la media se ha situado entre los 500 y los 1.200mm”, nota Mohamed Salih, un activista ecologista sudanés y secretario general de la Organización de Jóvenes de Sudán sobre el Cambio Climático. “Los altos niveles del Nilo Azul, que se encuentra con el Nilo Blanco en Jartum, han sido descritos de históricos por las autoridades, y no se venían desde 1902”, añade, “lo que significa que hay un incremento ocasional del índice de lluvias, y está visto que habrá otros desastres en un futuro cercano si no damos con soluciones”, avisa.

La extraordinaria crecida del Nilo también se produce a pesar de que se empezara a llenar a mediados de julio el embalse de una presa –mastodóntica y polémica a partes iguales– que Etiopía está ultimando en su tramo del río. Jartum y El Cairo, Nilo abajo, temen que la obra afecte críticamente su acceso al agua, mientras que Addis Abeba insiste en que, al menos para Sudán, la instalación le permitirá controlar mejor el caudal del río.

En Sudán, la cifra de afectados en la época de lluvias lleva años inmersa en una pronunciada y preocupante tendencia al alza desde 2015 con la excepción de 2016, que también sufrió un pico de afectados. En este sentido, Abreu señala que la OCHA registró en 2015 cerca de 50.000 personas que los perdieron entonces casi todo. Dos años más tarde, el número saltó a los 220.000, y el año pasado se disparó hasta los 420.000.

“Las personas afectadas por las inundaciones son aquellas que construyeron sus viviendas en las llanuras aluviales del río, así que primero de todo, el gobierno debería rectificar su política de permitir estas actividades. Por otro lado, la ausencia de un sistema de alerta temprana debería ser arreglado urgentemente. Y, además, [el gobierno] tiene que mejorar la infraestructura de las zonas afectadas”, sugiere Mohamed.

“Es absolutamente evidente que los gobiernos, a todos los niveles, tienen que poner ya en marcha medidas que aumenten la resiliencia a lluvias extremas“, alerta Marsham, “ya que cambio climático significa que éstas solo van a incrementar”.

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