Los Lakers arrasan y dejan la serie pendiente de un hilo

octubre 15 14:48 2020

No hace falta ser La Bruja Lola para darse cuenta de que los Blazers están ya tocando el limitador. O que los Lakers les están echando de la carretera, más bien. O las dos cosas. Están contra todo, luchando contracorriente, y bastante han peleado en esta serie los de Oregón. Les queda un partido, por lo menos, todavía no están eliminados, pero las sensaciones y las circunstancias hacen pensar que el final está cerca para ellos. Sólo un milagro cambiaría el tono.

En este cuarto partido rozaron el ridículo. Por la razón que sea. Stotts volvió a sacar a Nurkic y Whiteside juntos y se dio cuenta rápido de que no iba a funcionar, pero tampoco funcionó lo demás. De hecho, el pívot bosnio fue el que evitó que a los miembros de su equipo se les pusiera la cara más roja, ya que sus puntos y su brega en la zona ante McGee y Davis evitó un mal mayor en la primera mitad. Lillard y McCollum no podían con la defensa de Caruso, Green y Caldwell-Pope, a ratos y rotando según debiera. Era asfixiante la presión de los Lakers y, en el otro lado, todo lo contrario. El análisis se reduce a eso. La ventaja llegó a ser de 38 puntos para los púrpura y oro, hoy de negro homenajeando a Kobe Bryant en el Mamba Day (24/8), y el encuentro se difuminó cuando se llegó al descanso. No había más partido y a saber cuánto más habrá de eliminatoria. Choque disruptivo. 

Los Lakers abrieron el partido con un 0-15. La mitad del camino, ya hecho. Pero lejos de pisar el freno, más madera. Anthony Davis acertaba desde la media distancia y dejó el peso a LeBron, que reguló mucho desde mitad del primer cuarto, para que se luciera. Melo, Trent o quien le pusieran delante no iba a parar a ‘The King’, reivindicativo una vez en cuanto a su figura social y también en lo deportivo. 30 puntos, 6 rebotes y 10 asistencias, con 10/12 en tiros de campo; una tarjeta que firmó por pura superioridad, sin forzar y descalzándose con el tiempo por cumplir. 

Stotts se desesperaba en la banda con los árbitros y era un síntoma de la impotencia de su equipo. Entre los que más protestó un Carmelo Anthony terrible en los primeros momentos que luego maquilló sus datos ya en el irrelevante tercer periodo. 80 puntos habían recibido Portland en la primera mitad: ¿cómo se come eso? Y lo peor quizás fue saber que Damian Lillard no podría volver al partido por un golpe en la rodilla derecha, la segunda lesión que se produce en un rango de tres partidos. Anthony Davis tampoco regresó, pero éste por unos problemas de espalda que no revisten gravedad. Todo estaba visto para sentencia en el minuto 30 y los técnicos dieron mucha cancha a hombres como Dion Waiters, Quinn Cook, Mario Hezonja o Wenyen Gabriel. Un pequeño impás de dos días tiene Portland Trail Blazers para cambiar de manera drástica la imagen de esta primera ronda del Oeste.

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