Los nueve peores rebrotes de verano: así llegó la segunda ola del coronavirus

Los nueve peores rebrotes de verano: así llegó la segunda ola del coronavirus
octubre 14 18:48 2020

A comienzos del verano, cuando llegaba el final del estado de alarma, la palabra desescalada funcionó como un pequeño alivio, la cercanía de la meta tras un largo sacrificio. Duró muy poco, apenas la tregua calurosa de unas semanas, porque pronto llegaron los rebrotes, el prefijo que señalaba que estábamos lejos de acabar. O que, al menos de cierto modo, empezábamos de nuevo.

Los rebrotes ocurrieron inicialmente en el ámbito laboral, por ejemplo en empresas frutícolas, para luego, según avanzaba el verano, expandirse en las reuniones sociales, familiares y el ocio nocturno, así como también en residencias de ancianos. Los nuevos contagios no escaparon a situaciones insólitas, como la del hombre que originó un foco en Navalmoral de la Mata (Cáceres) y todavía hoy sigue en busca y captura. 

Las cifras, en todo caso, no dan respiro: el 29 de junio, una semana tras el fin del estado de alarma, había tan solo 20 rebrotes, el 14 de julio ya eran 120. Ocho días después se duplicaron y así han seguido brotando hasta sumar 2.463, con 687 activos desde el jueves pasado, según las últimas cifras que ofreció Fernando Simón, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias.

La historia de este verano es la de los rebrotes; su origen, evolución y extensión por todo el país. Esta lista con los nueves peores rebrotes, de mayor a menor, dan una imagen inquietante: el resurgir de una epidemia que empezó en entornos laborales y juveniles y ahora vuelve a entrar en las residencias de ancianos.  

El Segrià, primer aviso en la nueva normalidad

Fue el rebrote que señaló muy rápidamente que el virus seguía ahí y que la vida posterior al estado de alarma consistiría en esa convivencia. Vinculado inicialmente a la recolección de fruta por temporeros, el foco de la comarca catalana del Segrià viajó rápidamente a geriátricos, albergues y hasta un edificio.

Tras un primer revés judicial, la Generalitat logró imponer un confinamiento en el área de Lleida ciudad y otros seis municipios del Segrià, excepto en Massalcoreig. Ya a finales de julio, el Gobierno catalán levantó la medida al afirmar que el riesgo de descontrol era menor. “Las medidas han funcionado y hemos podido estabilizar la curva epidemiológica”, afirmó entonces la consellera de Salut, Alba Vergés.

Cinca Medio, Bajo Cinca y La Litera, volver a la fase 2 

Muy cerca de Lleida (la provincia a la que pertenece el Segrià), y también con origen en empresas frutícolas, las comarcas aragonesas de Cinca Medio, Bajo Cinca y La Litera protagonizaron el primer retroceso de la nueva normalidad a finales de junio, cuando tuvieron que regresar a la fase 2 la desescalada después de varios focos en las localidades de Binéfar, Zaidín, Fraga y Monzón. Una vuelta al pasado que incluyó, entre otras restricciones, aforos limitados al 50% en locales de restauración. 

Sin poder prohibir la movilidad, el Gobierno aragonés pidió a los habitantes limitar los desplazamientos, mientras que algunas de las comarcas afectadas (varias otras tuvieron también que retroceder) solo pudieron volver a la normalidad más de un mes después, a principios de agosto.

Mendillorri, un vecindario con restricciones en Pamplona

Pero los brotes no fueron exclusivos de las comarcas. En Pamplona, el barrio de Mendillorri protagonizó igualmente un retroceso a la fase 2 de la desescalada tras un brote ocurrido en el ámbito del ocio nocturno, principalmente entre los jóvenes, y que superó los 200 contagios. 

Además de imponer restricciones precisas como la prohibición del consumo de alcohol en espacios públicos, cerrar los espacios deportivos y suspender las actividades de verano, el Gobierno navarro realizó pruebas PCR masivas a los cerca de 2.000 jóvenes de entre 17 y 28 años de edad del barrio, un llamado que tuvo “una buena respuesta”, según las autoridades sanitarias.

A Mariña, una comida familiar en el origen de todo 

El de A Mariña (Lugo) fue uno de los rebrotes más fuertes del verano, y comenzó probablemente con una comida familiar el 13 de junio, si bien el primer caso fue comunicado diez días más tarde. El foco obligó a la Xunta a confinar el municipio de Burela, el epicentro del brote, y a restringir los desplazamientos en los municipios cercanos.

Ya para el 15 de julio, con la situación más bajo control, el Ejecutivo gallego levantó el cierre de A Mariña, aunque sólo puso fin a las restricciones en Burela una semana más tarde. 

El Zapillo y La Noguera, brotes en residencias

En Andalucía, el de Zapillo es uno de los brotes actuales en residencias, con más de 100 casos positivos entre usuarios y trabajadores contagiados tras dos semanas, además de cuatro muertes. 

La Junta anunció el jueves la incorporación “en breve” de ocho sanitarios para el centro, y además aseguró que trabaja “incansablemente” para “frenar la transmisión”, aunque señaló que la situación está “controlada”. 

Unas semanas atrás, otra residencia en Balaguer, en la comarca catalana de La Noguera, estuvo en el origen de un rebrote en el que, tras un simple primer caso con síntomas, el número de positivos ascendió a más de 300 y la Generalitat debió imponer restricciones.

A día de hoy, las cifras no mejoran en Balaguer, que según la sanidad catalana continúa en riesgo de rebrote, con 620 contagios acumulados desde el inicio de la pandemia. 

Gernika, el ocio nocturno y la Fórmula 1 

En Gernika, en tanto, el ocio nocturno fue el origen del brote que tiene en vilo al municipio. El ocio nocturno o las presuntas no fiestas de Andra Mari y San Roque, entre el 14 y 17 de agosto pasados. Sin embargo, sí fueron fiestas. “No parecía que no eran fiestas. Eran fiestas, literalmente”, afirmó la dueña de un establecimiento en la zona de ocio de Gernika. 

Ante los casos disparados, y mientras las autoridades sanitarias vascas piden a quienes estuvieron en esas fechas de ocio que se hagan una prueba PCR, el alcalde del municipio ha recurrido a potentes metáforas. “Los jóvenes son como un Fórmula 1. Tienen energía, potencia y vitalidad”, ha dicho. Pero en la curva tan “peligrosa” que estamos viviendo, “algunos no han sabido frenar”, añadió. 

Tudela, rebrote en una empresa cárnica y planta cerrada

De vuelta a Navarra, y en un caso muy reciente, la empresa Uvesa decidió cerrar su planta cárnica después de que se hayan detectado 197 trabajadores contagiados, con algunos de ellos residentes en otras comunidades como La Rioja, tras un cribado de 640 pruebas. 

Si bien la empresa señaló que su prioridad era mantener la actividad de la planta, la compañía señaló que “lo primero es la salud”, por lo que optó por el cierre cautelar. La cifra de 197 superaba el número de 78 contagios en el resto de Navarra al menos hasta el jueves, si bien habrá que determinar exactamente cuántos corresponden a otras comunidades. 

El brote de un edificio de Santander, una cuarentena a medida

Uno de los brotes más singulares del verano fue el ocurrido en un edificio de Santander, en Cantabria, que obligó a confinar a los habitantes del lugar durante dos semanas: una cuarentena a medida para afrontar el primer brote en esa comunidad tras el estado de alarma.

Con un número de infectados que no llegó más allá de las 20 personas, el confinamiento quirúrgico supuso una reacción oportuna. Y, a la vez, un caso extrapolable al resto del país y un mensaje para el futuro. “Lo que está ocurriendo aquí podría ocurrir en cualquier edificio de cualquier ciudad de España”, dijo Paloma Navas, directora general de Salud Pública de Cantabria. “Es fundamental que tengamos mucha solidaridad, […] que entre todos y todas controlemos la enfermedad con las mascarillas y la higiene de manos y de las superficies”, afirmó, en un nuevo mensaje de todo lo que aún queda de la pandemia.

 

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