Moscú acelera el proceso de integración entre Rusia y Bielorrusia

Moscú acelera el proceso de integración entre Rusia y Bielorrusia
octubre 15 03:22 2020

El proceso de integración entre Rusia y Bielorrusia, que quedó postergado definitivamente a comienzos de año, se ha reanudado con nueva fuerza gracias a la debilidad del presidente Alexánder Lukashenko y a su necesidad de ayuda por parte del Kremlin. El miércoles se reunieron en Moscú los ministros de Exteriores de ambos países, Serguéi Lavrov y Vladímir Makéi, este jueves viajó a Minsk el jefe del Gobierno ruso, Mijaíl Mishustin, hoy llegará a la capital rusa el ministro de Defensa bielorruso, Víctor Jrenin, y en un horizonte próximo está prevista la visita a Moscú del propio Lukashenko para rubricar con su homólogo ruso, Vladimir Putin, los acuerdos ya en preparación.

Hace tan sólo un mes el dictador bielorruso atacaba al Kremlin, a cuyos dirigentes acusó de haber enviado mercenarios a Minsk para desestabilizar el país en la víspera de las elecciones presidenciales. Ahora, Lukashenko se muestra más próximo que nunca al país vecino y exhibe disposición a retomar la agenda que rechazó de forma reiterada porque no quería convertir su país en una provincia más de los dominios de Putin.

Las televisiones mostraron este jueves el comienzo de las conversaciones entre el presidente bielorruso y el primer ministro ruso mientras en la calle continuaban las protestas. El primero inició la reunión agradeciéndole la postura adoptada por Moscú en relación con la crisis surgida tras las elecciones del pasado 9 de agosto, cuyos resultados la oposición bielorrusa considera fraudulentos. Putin prometió hace una semana que enviará a Bielorrusia un contingente de fuerzas de seguridad, si las protestas se «descontrolan» y después reconoció a Lukashenko como presidente «legítimo» de Bielorrusia. Éste dijo este jueves observar «avances» decisivos en las relaciones con Rusia.

Mishustin, por su parte, constató que los progresos señalados por Lukashenko se refieren al proyecto de Unión Estatal entre los dos países. Hablaron también de la refinanciación de los 845 millones de euros de deuda que Minsk tiene contraída con su vecino, de ayudas económicas, de suministros de gas y petróleo ruso a Bielorrusia y de otros muchos asuntos de índole bilateral. Por eso, Mishustin estuvo acompañado por sus ministros de Energía, Alexánder Nóvak, recuperado tras superar el coronavirus, y de Finanzas, Andréi Siluánov.

Durante el encuentro, en una forzada escenificación de adhesión a Rusia, Lukashenko le dijo a Mishustin que los servicios secretos bielorrusos interceptaron una conversación entre «Varsovia y Berlín», sin revelar entre qué personas concretas, que, a su juicio, prueba que el envenenamiento del dirigente opositor ruso, Alexéi Navalni, es una «falsificación». «Hemos intervenido una conversación telefónica interesante que muestra claramente que se trata de una falsificación. No hubo ningún envenenamiento», le soltó el primer mandatario bielorruso al jefe del Ejecutivo ruso, cuyo rostro atónito no pudo ocultar la sorpresa que le causó la noticia.

Coincidiendo con la visita de la delegación rusa, Lukashenko ha hecho un reajuste en la cúpula de los servicios secretos y al frente de su Consejo de Seguridad, en un intento aparente de revisar las relaciones con Kiev en el ámbito de la seguridad y reconducirlas hacia una colaboración más estrecha con Moscú. Tras su reunión del miércoles en Moscú con su homólogo bielorruso, Lavrov advirtió que Rusia «no se dejará arrebatar Bielorrusia». Según su opinión tales tentativas parten principalmente de Ucrania y de sus aliados occidentales. «Vamos responder a eso de una manera contundente», aseguró.

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