¿Por qué es tan difícil frenar los rebrotes?

¿Por qué es tan difícil frenar los rebrotes?
agosto 01 05:15 2020

Los países que han logrado contener la primera oleada del coronavirus lo han hecho a costa de paralizar toda actividad y hundir la economía de manera nunca vista en tiempos de paz. Por eso, la presión para levantar esas restricciones ha sido grande. El problema es que atajar los rebrotes no es tan fácil. Los países viven bajo la continua amenaza de verse desbordados porque cada vez está más claro que el virus se propaga en gran medida de manera silenciosa. 

Ese miedo no se limita sólo a España y la situación que se vive ahora en Lleida. Corea del Sur ha visto desafiado su sistema modélico por un rebrote relacionado con el ocio nocturno, la expeditiva China se vio contra las cuerdas con el reciente foco de Pekín, la experta Hong Kong asume que está combatiendo ya su tercera ola después de haber vencido las dos anteriores.

Transmisores asintomáticos

El principal problema de los nuevos brotes, según un nuevo estudio publicado por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, es que la mayoría de los nuevos contagios son invisibles. El virus lo transmiten, en la mayoría de los casos, personas sin síntomas, que no saben que están contagiadas y no están en el radar de las autoridades sanitarias.

La conclusión principal del estudio es coherente con lo observado por los sistemas de vigilancia de diferentes países: una persona que aún no es consciente de estar infectada suele estar en el inicio de la mayoría de cadenas de transmisión estudiadas.

En España, un 60% de los casos positivos detectados en la última semana son asintomáticos o presintomáticos. El porcentaje se eleva al 70% en el caso brotes numerosos como los de Lleida, Aragón y Galicia. Una posible explicación es que en estos lugares se hacen más pruebas a todo el mundo y, por tanto, se “descubren” más asintomáticos.

La invisibilidad de la transmisión envuelve en incertidumbre el origen de muchos casos nuevos. En España, la mitad de los contagios de los últimos siete días tienen un origen desconocido.

El riesgo de los asintomáticos 

El estudio de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU no se basa en observaciones de casos, sino en un modelo matemático, que tiene en cuenta la particularidad de las personas asintomáticas o presintomáticas.

  • Como se sienten sanas, no reducen su movilidad.
  • Tienen un mayor número de contactos interpersonales que las personas con síntomas.
  • Los autores citan otros estudios que indican que los portadores del SARS-CoV-2 son más infecciosos para otras personas justo antes de desarrollar síntomas.

Por eso, aunque este tipo de portador del virus no sea mayoritario (pueden rondar el 30% del total de casos, hasta un 40% según un estudio realizado en la localidad italiana de Vo’), su impacto epidemiológico es más importante que el de las personas con síntomas, según el modelo desarrollado por estos investigadores estadounidenses y canadienses.

Calculan que estas personas son el origen del 53,6% de los nuevos contagios.

Aislar a los sintomáticos no es suficiente

Su principal recomendación es que no basta con aislar a las personas con síntomas para asegurar que un rebrote no sigue reproduciéndose o incluso creciendo.

Sería necesario, según su opinión, identificar de forma rápida y aislar o aplicar algún tipo de medida a entre el 33% y el 42% de los asintomáticos y presintomáticos para garantizar que los nuevos focos no incrementan de manera preocupante la tasa de reproducción del virus.

La capacidad de detección temprana de España, según Fernando Simón ha pasado del 10% al inicio de la crisis a un 30-35%. Estaría en el límite inferior de lo recomendado en este estudio.

Para incrementar esta capacidad haría falta un trabajo ingente de localización de contactos. Cualquier retraso en esas tareas supone un riesgo de que los rebrotes no puedan ser atajados o incluso de que desborden el sistema y den comienzo a la transmisión comunitaria.

Todos con mascarilla

La única alternativa a ese control específico de los posibles contagios son las medidas genéricas de distanciamiento. El uso obligatorio de la mascarilla que ahora se extiende en varias comunidades españolas sería una manera indiscriminada de poner freno a las nuevas infecciones sin llegar a las restricciones más dañinas para la actividad económica.

Los autores advierten de que este tipo de medidas se pueden hacer aún más necesarias cuando llegue la temporada de gripe y sea todavía más difícil discernir qué enfermedad tienen las personas con síntomas y qué tipo de riesgo suponen sus contactos.

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