Se dispara la mortalidad en la segunda ola: ¿llegaremos a las 900 defunciones diarias de abril?

Se dispara la mortalidad en la segunda ola: ¿llegaremos a las 900 defunciones diarias de abril?
noviembre 12 17:18 2020

La crisis de la covid-19 se recrudece. La segunda ola de contagios es cada vez más alta. La curva epidemiológica del coronavirus se mantiene al alza desde mediados de julio, con un incremento constante de la transmisión (11.193 nuevos casos detectados, el 31% de ellos en Madrid, este miércoles). Y, lo peor, este ascenso empieza a notarse de forma palpable en el número de muertos.

Son en total 30.243 decesos desde que comenzó la pandemia. Este miércoles, 17 de septiembre, se incluyeron 239 muertos, la cifra más alta desde la desescalada. Un notable incremento en el balance total de defunciones debido a la actualización de los datos (75 de ellos fallecieron hace más de dos semanas). La pregunta es: ¿se trata de un incremento puntual o la curva de muertos seguirá creciendo? 

Ildefonso Hernández, catedrático de Salud Pública de la Universidad Miguel Hernández de Alicante, reconoce que la cifra es “muy alta”. “Es pronto para advertir tendencias, entre otras cosas porque faltan más días para que se consolide una tendencia clara. Según los datos de la Vigilancia de la Mortalidad Diaria del Centro Nacional de Epidemiología, se advierte un exceso de mortalidad en septiembre en alguna comunidad autónoma, aunque la que más contribuye con diferencia es Madrid. Por ello, el comportamiento de Madrid influirá decisivamente. Si este mes continua subiendo la incidencia de SARS-CoV-2 en varias comunidades, por ejemplo, Andalucía, donde también hay exceso de mortalidad en septiembre, podría seguir incrementándose la mortalidad”.

El catedrático de Ingenieria Informática y Matemáticas de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, Àlex Arenas, asegura que la cifra muertos es “preocupante” dado que va a la par de un aumento de hospitalizaciones y también de ingresos en uci. “Efectivamente, es muy probable que el número de muertos siga en progresión dada la altísima incidencia que existe en el país. Seguirá aumentado hasta un mes después de que bajemos la incidencia hasta valores de julio y agosto. Esto es así porque la estadística de casos y de muertos es bastante constante, aunque desplazada en el tiempo. Los muertos de un cierto día se corresponden a la tasa de casos que ha habido hasta 28 días antes, siendo este valor una estimación del tiempo de uci que estamos observando”, asegura. 

Lo cierto es que desde el 24 de julio los datos de muertos no han hecho más que aumentar. El pico se registró hace justo una semana, con 69 muertos el jueves pasado. A medida que Sanidad va asignado los muertos a las fechas de defunción, esos datos diario se van revisando al alza.

“El número de muertes está muy en relación con el número de pacientes ingresados en los hospitales y en el tipo de paciente que está ingresado. En Cataluña, el número de fallecidos es muy bajo porque están ingresados pacientes de edad mediana, sin enfermedades de base. El número de muertes aumentará si aumentan el número de pacientes mayores con patologías previas”, asegura Benito Almirante, infectólogo jefe del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona.

Las cifras actuales están todavía lejos de aquellos dramáticos días de abril en los que se superó los 900 muertos diarios. Ahora, el temor es que los peores datos puedan llegar a repetirse.

Lo más preocupante es la tendencia. Ese incremento constante en la mortalidad. “Es pronto para decirlo porque hay diversidad en las curvas de incidencia por comunidades autónomas, depende de qué comunidades con peso poblacional consoliden tendencias en la incidencia de la enfermedad en una u otra dirección”, señala Idefonso Hernández.

“Hay comunidades pobladas que no han mostrado exceso de mortalidad en septiembre y parece que tienen las tasas de incidencia estable, pero la vuelta a la actividad generalizada en la primera quincena de este mes podría causar incrementos de la incidencia”, añade.

En este sentido, Hernández asegura que las próximas semanas serán determinantes para comprobar si el grado de control alcanzado en algunas comunidades se afianza o vuelve a incrementarse, lo que a largo plazo aumentará la mortalidad.

Benito Almirante no cree, sin embargo, que en esta segunda ola se lleguen a las cifras de muertos de abril. “Creo que será muy difícil. Las personas de alto riesgo se están protegiendo. En los últimos 30 días en mi hospital solo han fallecido 15 personas cuando en los peores días morían 10 enfermos cada día. En Cataluña, la reducción ha sido muy importante gracias a las medidas efectivas que se tomaron en su momento en julio. La situación está muy tensionada en atención primaria pero a nivel hospitalario está controlada”, asegura.

No ocurre lo mismo en Madrid, la comunidad más afectada, otra vez, por esta segunda ola, donde el Gobierno regional se plantea reabrir el hospital de Ifema por la avalancha de casos que llegan a los hospitales, con un 40% de ocupación en las ucis.

“Sabemos bastante más de la epidemia ahora, tenemos mejores tratamientos hospitalarios y mas preparación. Pero el problema sigue siendo el mismo, el contagio es muy rápido y eso hace que muchos casos se sincronicen y estresen, incluso desborden, el sistema sanitario”, asegura Arenas.

España es el noveno país del mundo y el cuarto de Europa, por detrás de Reino Unido, Italia y Francia, en muertes con covid-19. En cuanto a contagios, es también el noveno país del mundo, aunque el segundo de Europa, tan solo por detrás de Rusia, que supera el millón de casos. La letalidad en España, en cambio, no para de bajar. Este miércoles se situaba en el 4,9%, lejos del 12,3% de la letalidad de Italia u 11,1% del Reino Unido. “La letalidad no depende del país sino del número de casos que se diagnostiquen y aquí en España se están haciendo muchísimas pruebas y detectando a muchísimos asintomáticos”, aclara Almirante.

De los jóvenes a los mayores

En esta segunda ola, el epicentro de los contagios ha pasado de los jóvenes a los mayores en solo cuatro semanas. Si bien es verdad que el grupo de edad entre los 15 y los 29 años sigue siendo el principal en número de positivos (el 24%), poco a poco la transmisión del virus se ha ido trasladando a la generación de sus abuelos, el grupo de más riesgo y, por lo tanto, el que mayor porcentaje de hospitalizaciones (22,5%) y mortalidad registra (5,8%).

Según el informe epidemiológico de Sanidad del 9 de marzo, en la semana 36, el crecimiento de los contagios entre la población de 70 a 79 había subido un 182% respecto a cuatro semanas antes frente al incremento del 79% entre los jóvenes de 15 a 29 años. “El hecho de que las tasas de incidencia sean más alta en grupos jóvenes (16 a 29) haría pensar que no vamos a llegar a los 900 muertos como en abril, pero está subiendo en mayores. El que la primera ola afectase especialmente a personas en situación de vulnerabilidad haría esperar que no. Sin embargo, el hecho de que un fracción muy baja de la población haya sido contagiada iría en sentido contrario”, señala Hernández.

En este sentido, Francesc Pujol, analista de contenidos y profesor de la Facultad de Económicas de la Universidad de Navarra asegura en un tuit que “se ha sembrado de nuevo el terreno para que la letalidad de la covid vuelva a cifras altas porque vuelve a atrapar a los mayores. Y los mayores son los que mueren, en septiembre como en abril. A principio de agosto ya fallecían 3,8% de contagiados de más de 80 años”.

El futuro, desde luego, pinta incierto. Si la curva de mortalidad seguirá subiendo mucho más es todavía una incógnita. Lo único cierto es que el problema de la covid-19 persistirá meses e, incluso, años. Como señala Almirante: “Tenemos que aceptar que las medidas de prevención habrá que mantenerlas un tiempo prolongado si queremos controlar la situación”. A lo que Arenas añade: “Para que eso no ocurra, debemos aplicar medidas de prevención de manera muy anticipada, y ésta es la asignatura pendiente de España: tomar las medidas a tiempo. Cualquier actuación reactiva, cuando los casos empiezan a desbordar ya es una medida costosa, sanitaria y económicamente, y mucho menos eficiente”.

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