Shinzo Abe, el primer ministro nipón que más tiempo llevaba en el cargo

Shinzo Abe, el primer ministro nipón que más tiempo llevaba en el cargo
octubre 13 03:18 2020

En 2006, Shinzo Abe se convirtió en el primer ministro más joven de Japón con 52 años, pero solo duró doce meses en el cargo, del que dimitió por problemas de salud tras varios escándalos de corrupción. Más de una década después, y con la lección bien aprendida, Abe ya era el mandatario que más tiempo llevaba al frente del archipiélago nipón, donde sus dirigentes apenas suelen aguantar un año.

Pero el lunes de la semana pasada, justo cuando cumplía el récord como primer ministro con más días en el cargo, 2.799, su vuelta al hospital disparaba de nuevo todas las especulaciones. Aunque sus asistentes aseguraban que solo iba a conocer los resultados y a hacerse alguna prueba adicional, en Japón había cundido la preocupación por su estado de salud desde que una revista publicara que había vomitado sangre en julio. La inquietud no era nueva porque Abe ya tuvo que renunciar a su primer mandato en 2007 por una enfermedad intestinal, una colitis ulcerosa, que parecía haber controlado con un nuevo medicamente tras retomar el poder en 2012.

Desde entonces, cuando venció al gobierno socialdemócrata que sufrió el tsunami del año anterior y el desastre nuclear de Fukushima, Abe ha adelantado las elecciones dos veces para aprovecharse de la debilidad de la oposición y salir reelegido con amplia ventaja. Así lo hizo en 2014 y 2017, cuando, antes de seguir perdiendo popularidad por los casos de corrupción que amenazaban su gestión, revalidó su mandato sin darle tiempo a que su principal rival, la gobernadora de Tokio Yuriko Koike, pudiera plantarle batalla. Abe acababa así con la tradicional brevedad que sufrían los primeros ministros nipones desde Junichiro Koizumi, quien estuvo en el cargo desde 2001 hasta 2006. Curiosamente, el anterior primer ministro que ostentaba este récord de permanencia era un tío suyo: Eisaku Sato.

Gracias a la debilidad de la oposición, Abe ha sobrevivido políticamente a la renqueante economía nipona, a varios casos de corrupción y amiguismo y a la pandemia del coronavirus. A pesar de las críticas internas a la gestión sanitaria de su Gobierno, las cifras de Japón están bien lejos de la catástrofe que ha provocado la enfermedad Covid-19 en Europa y América. Con algo más de 66.000 contagios, el archipiélago nipón solo ha registrado 1.251 muertes, pero Tokio y otras grandes ciudades no pueden recuperar totalmente la normalidad por los rebrotes que sufren desde hace meses.

Nacido en 1954 en Nagato (prefectura de Yamaguchi), Abe se licenció en Políticas por la Universidad de Seiki en 1977 y luego siguió sus estudios en la Universidad del Sur de California, en Estados Unidos. Como su padre, Shintaro Abe, fue titular de Exteriores y su abuelo, Nobusuke Kishi, primer ministro entre 1957 y 1960, acabó en el Partido Liberal Democrático (PLD) tras un breve paso por la empresa privada.

Considerado un halcón de la derecha nipona por su afán por reformar la Constitución pacifista del país, mantiene tensas relaciones con China y Corea del Sur por sus visitas del pasado al controvertido santuario de Yasukuni, donde se honran las almas de los caídos en acto de servicio por Japón, incluidos varios criminales de la II Guerra Mundial. Impulsor de la recuperación económica gracias a su programa de estímulos, bautizado «Abenomics», pretendía devolverle a Japón la relevancia internacional perdida por el auge de China. Para ello eran fundamentales los Juegos Olímpicos y Paralímpicos que debían celebrarse en Tokio este verano, aplazados hasta el año que viene por el coronavirus. Dos eventos mundiales que Abe quería inaugurar pero que, primero la pandemia y luego la salud, se lo han impedido.

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