Un violador reincidente abusa de una funcionaria de la cárcel de Picassent

Un violador reincidente abusa de una funcionaria de la cárcel de Picassent
noviembre 22 05:19 2020

Fue “vejatorio e intimidatorio“, así lo considera la víctima, una funcionaria de la prisión de Picassent (Valencia). Se encontraba sola, custodiando a un interno mientras éste se duchaba, cuando el hombre se exhibió delante de ella.

“Llevaba el albornoz abierto y, a simple vista, se encontraba en evidente estado de excitación sexual”, asegura la mujer. Cerró la puerta y salió corriendo. Avisó al jefe de servicios, que informó a la Dirección del centro. 

No hay un protocolo concreto ante este tipo de situaciones aunque lo habitual es que el reo sea transladado a otra cárcel para evitar que se repitan. El recluso es un violador reincidente. Se llama Jorge Lucena Caballero, tiene 37 años y en septiembre de 2016 agredió sexualmente a una discapacitada en Paterna. 

Conocía a la familia de la chica, que tenía 29 años pero una edad mental de siete. La agredió en la azotea de la casa de una amiga. Antes había cometido otras dos agresiones sexuales más. Fue condenado a 14 años de prisión.

Este grave incidente en la cárcel de Picassent tuvo lugar el pasado día 13 de septiembre pero el recluso continúa en el mismo módulo. Según ha informado la asociación de trabajadores penitenciarios Tu Abandono Me Puede Matar: “Transcurrida más de una semana, el interno, incomprensiblemente, no ha sido cambiado de unidad al Centro de Preventivos como sería lo esperable, sino que permanece en la misma unidad de Cumplimiento. Esto en la práctica significa que la funcionaria puede volver a encontrarse cara a cara con él en cualquier momento.Si un comportamiento de este calibre no es inmediatamente atajado y solucionado, puede parecer que la Administración Penitenciaria invita al interno a que la próxima vez pase de la simple exhibición a los hechos, a una acción directa, más teniendo en cuenta sus antecedentes de agresiones sexuales.”

Delitos sexuales en prisiones

“Las agresiones físicas y verbales de carácter sexista sobre las trabajadoras y la amenaza explícita de satisfacerse con ellas son habituales en los centros penitenciarios”, señalan desde TAMPM. Han ido en aumento durante el último año. 

El 3 de diciembre de 2019 en el Centro Penitenciario de la Torrecica (Albacete) un interno invitó a la ducha a una funcionaria y se abalanzanzó sobre otra a la que intentó besar. Las dos consiguieron salir del paso gracias a su experiencia. El recluso ya era conocido por este tipo de hechos.

Se había masturbado en presencia de una funcionaria mientras le abría la celda. Delante del resto de reclusos lanzaba besos a las trabajadoras o afirmaba que los hijos de una de ellas eran suyos. Como solución la Dirección optó por privar a las funcionarias del desempeño de su puesto y al reo le prohibieron acceder a los módulos en los que trabajaban estas mujeres. 

El 11 de junio sucedió en Aranjuez. Un preso condenado por violencia de género y con una orden de alejamiento se quedó a solas con una docente una vez acabada la clase. Le pidió que le besara mientras intentaba tocarla. La profesora se negó e intentó huir mientras el hombre le bloqueaba el paso.Tras un forcejeo, la docente pudo salir corriendo hacia el pasillo y pedir ayuda ayuda. Según TAMPM tardaron una semana en comunicar el incidente en el juzgado de guardia.

Por eso acusan a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias de restar importancia a estos ataques machistas y solicitan que se establezcan protocolos de actuación y medidas específicas de protección para estas trabajadoras.

En noviembre de 2019 se anunció la creación de un Observatorio de Agresiones de Carácter Sexual para Trabajadoras Penitenciarias como una base de actuaciones ante el Defensor del Pueblo y las distintas instancias europeas

“Estas funcionarias a menudo optan por no denunciar estas agresiones debido a la desprotección que sufren. No hay protocolos concretos y el Ministerio del Interior no las incluye en sus estadísticas, es como si no existieran. Estos internos deberían cumplir condena en módulos adecuados a su trayectoria y perfil de peligrosidad. Muchos están condenados por delitos sexuales aunque no están obligados a participar en las terapias o cursos de reinserción. No se adaptan a la vida penitenciaria actual. Por eso reclamamos una política de prevención y de sensibilización encaminada a la población reclusa,  la puesta en marcha de medidas para proteger la seguridad de estas compañeras y que todos los incidentes sean comunicados a los juzgados de guardia. También solicitamos asistencia psicológica y jurídica gratuita a las víctimas por parte de la Administración”, mantiene un portavoz de TAMPM.

 Estas trabajadoras pueden desempeñar su labor indistintamente en cárceles para hombres o para mujeres. Pero la falta de personal hace que a menudo se encuentren solas en las galerías o en los patios ante más de un centenar de reclusos.

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