Una barrendera transexual de Pontevedra denuncia su infierno: “Me insultan a diario por mi físico”

noviembre 13 23:18 2020

Sara Aguado nació, como ella dice, en un cuerpo equivocado. “A los cuatro o cinco años ya quería sentirme y vestime como una mujer”, comenta. Pero nadie, ni su propia familia, fue capaz de asumir su identidad. Vivió una infancia muy dura y una adolescencia todavía peor. Cuando decidió ponerse ropa femenina y cambiarse el nombre, todo a su alrededor, dice, eran risas y mofas.  

En su etapa adulta, continuó. Nadie quería ofrecerle un empleo. En Palencia, su tierra natal, le fue imposible encontrarlo. “Me miraban de los pies a la cabeza y me decían que no querían a una persona como yo”, afirma Sara. Se formó como técnica de sonido y, por eso, cuando vio una oferta de empleo en Galicia no se lo pensó. Hizo las maletas y se instaló en Cambados (Pontevedra). La alegría de obtener un trabajo en una orquesta le duró exactamente quince días. La echaron a la calle, nuevamente, por su físico. “Según ellos, hacía quedar mal a la orquesta en los pueblos”.

Es tras esa injusta situación cuando Sara conoce a Fátima. “Para mí no es la alcaldesa de Cambados, para mí es mi hermanita”, dice Sara. Fátima Abal, la regidora de este municipio pontevedrés, es su mayor apoyo, su ángel de la guarda. Fue quien le dio comida cuando más la necesitaba. “No tenía ni un pan para llevarme a la boca”, recuerda. También, quien le ha facilitado el trabajo de barrendera con el que Sara había recobrado la ilusión. “No sé lo que pasará cuando termine el contrato. Pero me levanto muy bien porque tengo un trabajo y me siento útil”, explica.

Nuevo desprecio en su nuevo trabajo

Sara está agradecida y muy contenta por esta oportunidad. Sin embargo, en su ronda con la escoba por las calles de Cambados ha vuelto a encontrarse de frente con el fantasma que la lleva acompañando desde su infancia. “Sufro insultos y desprecios a diario por mi físico. No es algo nuevo. Me lleva pasando toda la vida”, denuncia.

El último incidente lo tuvo hace dos semanas con el dueño de una terraza, quien le exigía que la limpiase todos los días. “Me negué a hacerlo. Le dije que no era mi cometido”, cuenta Sara, a la vez que explica que existe una ordenanza que obliga a los propietarios a mantener limpios sus locales. Ese fue el detonante de una cadena de insultos que han terminado en el juzgado. “Me dijeron: Eh, tú, barrendera o barrendero o lo que seas, esto también se limpia y una camarera empezó a llamarme maricón de mierda y otras cosas que no quiero recordar”, explica.

Sin embargo, la denuncia de Sara no ha prosperado. El juzgado ha decidido, para su sorpresa, archivarla. “¿Y ahora qué? ¿Con esto quieren decir que pueden seguir insultándome sin que pase nada?”, se pregunta. Sara pide que se legisle para que este tipo de comportamientos tránsfobos no sean gratuitos. “Somos personas normales, que sentimos, que respiramos y si nos cortamos las venas tenemos la misma sangre que las demás”, dice.

Este sábado, una manifestación convocada por la asociación Nós Mesmas, recorrerá las calles de Cambados para rechazar este tipo de conductas y mostrar su apoyo a Sara. “Soy transexual y quiero mostrarme como lo que soy, una mujer. Solo pido que no me juzguen por las apariencias, sino como persona. La gente tiene que entender que no somos bichos raros ni tenemos una enfermedad”, concluye Sara.

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